Postales de los confines del mundo

Postales de los confines del mundo

Postales de los confines del mundo

Tasmania, un pequeño estado insular australiano que tiene mucho para ofrecer. La historia, la cultura y la estampa británica de su capital, Hobart, contrastan con las maravillas naturales de sus parques nacionales. El encanto de una tierra casi virgen.

No hay aventura más fascinante que explorar lo desconocido. Pero en estos tiempos en que la industria global del turismo no deja frontera sin cruzar, ya casi no existen destinos exóticos. Sin embargo, Tasmania, a menos de dos horas de vuelo de Sidney, plantea una incógnita aún para los viajeros más frecuentes. La Península de Valdés es la tierra firme más cercana hacia el oeste y Nueva Zelanda lo es hacia el este. Al sur, la Antártida. Coordenadas remotas que auspician un paraíso casi virgen.

Dueña de una variedad geográfica apabullante en una pequeña superficie, a Tassie —como la llaman coloquialmente— se la considera una de las zonas menos contaminadas de la tierra, y más de una tercera parte de su territorio fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Impactantes acantilados, lagos glaciares, cavernas prehistóricas, montañas nevadas y playas de aguas turquesas integran algunos de sus capitales naturales. Su increíble red de reservas y parques naturales hacen realidad el sueño de aquellos que hacen un culto de la vida al aire libre.

Sin embargo los amantes de la vida urbana y la historia también pueden saciar sus inquietudes en Tassie. Entre verdes campos, bosques y parajes de alta montaña, se esconde su capital, Hobart, que fusiona el refinamiento del estilo inglés con la naturaleza del Pacífico. En Hobart, la ciudad más antigua de Australia después de Sidney, reside la mitad de los pobladores de la isla. Fue fundada a principios del siglo XIX como una colonia penal. Su historia penitenciaria intriga especialmente a los viajeros que se asoman por estas tierras.

Port Arthur, la cárcel fundada en 1830 para los presos de Australia y todo el resto del Imperio Británico funcionó aquí hasta 1877. Fue pensada como un lugar de reclusión en el fin del mundo, está separada de la isla de Tasmania por una franja de tierra rodeada por aguas plagadas de tiburones por lo cual se la conocía como la “prisión de donde no se puede escapar”. Hoy se ha transformado en un museo de 40 hectáreas entre verdes e idílicos jardines que, sin embargo, guardan historias de maltrato, sufrimiento e injusticia. Los visitantes pueden contemplar los objetos que los reclusos fabricaban en la cárcel y hacer una visita por los distintos edificios, ruinas y casas restauradas del sitio.

Hobart, ciudad compacta y dueña de una llamativa arquitectura colonial, se promueve como un buen destino para ponerse en contacto con el mundo del arte. Basta tomarse un ferry para descubrir el MONA (Museo de Arte Antiguo y Nuevo), una institución privada al nivel del circuito museístico de las grandes urbes. En Salamanca Place, el alma ribereña de esta capital, se concentran la gastronomía, la vida cultural y el consumo en todas sus formas. Antiguos almacenes construidos en 1830 para guardar granos, lana, aceite de ballena y mercancías importadas hoy devinieron en atractivas galerías, teatros, cafés, bares y restaurantes.

Quien pase por la capital de Tassie no puede dejar de visitar el Monte Wellington. Toma media hora subir en auto hasta la cima; también se pueden ascender a pie o en bicicleta sus 1300 metros. Desde allí se disfruta una increíble panorámica de la ciudad, la isla de Bruny, South Arm y la península de Tasmania. Una escapada frecuente desde Hobart, Wineglass Bay: ubicada en Freycinet, uno de los 17 parques nacionales de Tasmania, considerada una de las mejores diez playas del mundo. La postal más difundida de este destino impacta como un arco perfecto de arenas blancas y un mar azul con de picos de granito rosa y gris de fondo: un paisaje costero espectacular.

Launceston, una de las tres ciudades pequeñas de la isla, junto con Devonport y Burnie también, amerita una visita. Ubicada al norte del estado, aloja una intensa escena cultural y el paraje natural del cañón Cataract. Algunos de los +hits+ turísticos de Launceston: casas victorianas de madera, parques centenarios y un renovado paseo marítimo. Desde esta pequeña urbe, una buena opción para el viajero sibarita es tomar la Tamar Valley Wine Route, que pasa por parques naturales, viñedos pintorescos y pueblos históricos como Beaconfield y Georgetown. La gastronomía local y los vinos de esta ruta poco difundida —aun para los conocedores de la creciente producción vinícola australiana—regalan un valor agregado irresistible para los exploradores de las mil y una maravillas naturales de Tassie.

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