El mundo maravilloso de Louis Armstrong

El mundo maravilloso de Louis Armstrong

El mundo maravilloso de Louis Armstrong

El carisma sureño, la voz ronca, la sonrisa eterna y sus típicos “Oh, yeah” forman parte de la leyenda del genial trompetista y cantante de jazz estadounidense. Retrato de un talento que deslumbra aún más allá de su muerte.

 

“¿Qué es el jazz? Si tenés que preguntarlo nunca vas a saberlo” dijo alguna vez el gran Pops o Satchmo, tal como apodaban al mítico trompetista por su boca grande. Basta evocar su voz ronca, sus ojos chispeantes, su sonrisa amplia y frecuente, para que esas palabras desafiantes se materialicen en este “enormísimo cronopio”, tal como lo bautizó el escritor Julio Cortazar después de verlo tocar en vivo en los años 50.

Los inicios fueron duros y determinantes en su destino. Nació el 4 de agosto de 1901, en el seno de una familia muy humilde, en un barrio marginal de Nueva Orleans. Cuentan sus biógrafos que el joven Satchmo descubrió su talento en un correccional. Una madrugada de año nuevo, luego de disparar por accidente una pistola de su padre en la calle, fue recluido en un reformatorio. El director de la institución le prestó una trompeta para que se entretuviera. Años más tarde, cuando era una celebridad, y este encuentro azaroso con la música ya le había cambiado la vida, le devolvió el instrumento a su dueño.

La cumbre de su carrera llegó hacia mediados de los sesenta cuando superó a Los Beatles y alcanzó el número 1 de los rankings con su disco más exitoso: Hello, Dolly. Pero el camino fue extenso hasta ese punto en que obtuvo el Grammy al mejor cantante masculino. Al salir del reformatorio tuvo que salir a trabajar. Fue vendedor de carbón, repartidor de leche y estibador de barcos bananeros, entre otros empleos. En la música tuvo su primera oportunidad en Nueva Orleans junto a Joe Oliver, una fuerte figura paternal para él. Cuando éste se mudó a Chicago lo convocó para su nueva banda Creole Jazz Band, donde se hizo notar por sus increíbles solos. En 1924 Louis se fue a Nueva York para formar parte de la Fletcher Henderson Orchestra. Y en 1947 redujo su banda a seis instrumentos, volvió al estilo Dixieland y formó el grupo All Stars con el que hizo discos y también largometrajes.

El carisma sureño de Satchmo, su conexión con el público, el pañuelo blanco con el que se limpiaba el sudor, sus intervenciones que siempre cerraban con un “Oh, yeah” forman parte de la leyenda de este genial músico. A lo largo de su carrera fue criticado por su supuesta falta de compromiso con la lucha por los derechos civiles de los afroamericanos y por llegar a convertirse en una caricatura de sí mismo con tal de seducir al público blanco. Sin embargo es sabido que se preocupó por financiar a Martin Luther King y otros activistas ya que prefería colaborar sin trasladar sus ideas políticas a la escena artística.

Su salud endeble fue una constante a lo largo de su vida. Usaba laxantes para controlar su peso y hasta escribió un libro titulado +Lose weight the Satchmo way+ contando su experiencia. Hacia el final de sus días limitó al mínimo sus actuaciones aunque siguió tocando hasta el día de su muerte. Armstrong padeció un ataque al corazón en 1959 del cual se sobrepuso y pudo continuar con su vida normalmente. Un segundo ataque en 1971, lo obligó a permanecer en cama durante dos meses. El 5 de julio de ese mismo año volvió a tocar con su banda y, al día siguiente, en Corona, Queens (Nueva York) murió mientras dormía por complicaciones de su corazón. Era un 6 de julio, le faltaba menos de un mes para cumplir 70 años. Su colega, el compositor y pianista de jazz Duke Ellington lo redimió de toda crítica en pocas palabras: “Nació pobre, murió rico y nunca dañó a nadie por el camino”.

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