Capadocia: una belleza surrealista

Capadocia: una belleza surrealista

Capadocia: una belleza surrealista
Capadocia: una belleza surrealista
Capadocia: una belleza surrealista

Dicen que todo viaje, aunque sea a miles de kilómetros de distancia, comienza con un solo paso. Y cuando al destino elegido se lo visita por primera vez, el misterio de lo desconocido y el deseo por descubrirlo hacen de ese primer paso un momento revelador. Así fue mi experiencia a bordo de la clase Business de Turkish Airlines, la compañía de bandera turca. Al confort del servicio ejecutivo se le suman detalles que me permitieron empezar a descubrir rasgos de la cultura de ese país: los sabores de su cocina y de los vinos de Anatolia, y también su arte, en el diseño de la delicada vajilla de porcelana. Al pasar por Estambul, en el Aeropuerto Internacional Atatürk, me asombró el fastuoso VIP de Turkish Airlines, uno de los mejores de Europa. Con capacidad para 1030 personas, su diversidad de servicios y su exquisito catering hacen evidente por qué la compañía de bandera turca fue premiada en 2013 como la mejor de Europa.

Capadocia también me resultó impactante en su singularidad. Un paisaje lunar que parece obra del arquitecto catalán Antoní Gaudí. Un nombre grandilocuente: “La tierra de los caballos magníficos”, que se ajusta perfecto a su medida. Una historia de miles de años y pueblos que dejaron sus huellas de la misma forma que el viento, las lluvias y los ríos esculpieron sus valles. Así es esta región histórica del centro de Turquía, que se convirtió en el segundo destino turístico del país en importancia después de Estambul.

Las caprichosas formaciones geológicas de roca volcánica que los antiguos pobladores trabajaron hasta convertirlas en sus casas y las impactantes ciudades subterráneas son las postales más típicas de Capadocia. Yüksel, la guía que me acompañará durante todo mi recorrido, elige la del pueblo de Orzonak entre las 10 urbes bajo tierra disponibles para la visita que hay en la zona. Su descubrimiento es reciente: hace poco más de 40 años que un pastor se encontró con uno de estos refugios que llegaban a tener hasta veinte plantas.

Yüksel apela a mi espíritu de aventura para descender a este entramado de túneles y galerías donde dos mil años antes de Cristo se alojó la civilización Hitita, y luego, los cristianos. Visitamos los depósitos donde guardaban el aceite, la cebada, el trigo, el lagar donde pisaban las uvas. Anduvimos sobre los pasos de estos estrategas siempre alertas a las invasiones de los pueblos enemigos. Reconstruimos sus vidas con curiosidad antropológica.

Muy diferente es el destino que tuvieron las moradas que los lugareños cavaron en las singulares formaciones rocosas de Capadocia. Muchas siguen habitadas pero han devenido en hoteles boutique como el exquisito Argos, que antes fuera un monasterio medieval, y hoy deleita con un mix de excentricidad, valor histórico y confort al turismo de alta gama.

Cada experiencia en Capadocia revela una nueva faceta de esta tierra mágica, pero ninguna impacta tanto como su clásico viaje en globo. La región está considerada como una de las mejores del mundo para este tipo de travesías. Por eso vale la pena madrugar (la salida es a las cuatro de la mañana) para ser parte del espectáculo que componen unos noventa globos de colores surcando el cielo anaranjado del amanecer al mismo tiempo.

Los canastos tienen capacidad para unas 16 personas. Una vez arriba, el sonido del quemador sobre nuestras cabezas anuncia el despegue. El piloto aporta algunas explicaciones técnicas pero es difícil concentrarse. Tampoco parece ser necesario: todo temor o reparo se esfuma rápidamente al experimentar la suavidad del ascenso. Levitamos en estado de deslumbramiento. El silencio y la paz que se sienten a novecientos metros de altura, sobre los valles, los caminos y los pueblecitos esculpidos sobre las rocas, realzan la singular belleza de esta escenografía surrealista. Y un valor agregado que se aprecia incluso de regreso en casa: hasta el fotógrafo menos inspirado tiene las mejores panorámicas garantizadas.

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