Hotel Faena: El Mercado

Hotel Faena: El Mercado

Hotel Faena: El Mercado

Una de las riquezas de los almuerzos de Epicúreos que organiza Vinicius para cada número reside en ese merodear buscando los mejores lugares de Buenos Aires para montar la mesa. Esta vez, Carlos Mantovani, el anfitrión habitual, eligió el restaurante El Mercado del Hotel Faena, en Puerto Madero.

Carlos es un hombre afecto a las gratas sorpresas, y en esta ocasión sus invitados debieron pasar por una turbamulta de quinceañeras que, a manera de muralla compacta y extremadamente ruidosa, esperaban la salida de su ídolo, Justin Bieber, alojado en el hotel. Pero era agradable sentirse recibido por aullidos desgarradores de nenitas desocupadas que, bajo la llovizna pertinaz, esperaban su oportunidad de ver o tocar a la esquiva estrella de la canción.

Así, ligeramente machucados y húmedos, fueron llegando al bar de La Biblioteca, el embajador José Pico, hombre de larga trayectoria diplomática; Martín Sorrondegui, gerente de Marketing de Volkswagen; Sebastián Rossi, gerente regional de Producto de Consumo de Dell Computers; el artista Ricardo Celma, con una curiosa bandana negra en su cabeza; Carlos María Pinasco, director de Colección Alvear de la Galería Zubarán; y Alejandro Rainieri, uno de los más afamados relacionistas públicos con que cuenta al día de hoy Buenos Aires. Una mesa equilibrada en edades y profesiones.

Al inicio, se brindó con champagne Bohème de Luigi Bosca, mientras tanteaban con qué tipo de invitados eran los que iban a compartir la mesa. Llegó el momento del abordaje a El Mercado, un lugar realmente encantador, cálido, lo que los franceses llaman décontracté. La rápida aparición de su chef, Emiliano Yulita, nos permitió conocer la forma en que se desenvolvería el menú elegido. Lo novedoso es que si bien se ofrecieron dos platos como opción para cada paso, en realidad, prácticas bandejas ubicadas estratégicamente en la mesa ponían todo junto para que uno eligiera su preferido, y la preferencia podía abarcar todas las opciones. Divertido.

Mientras las copas se iban llenando de un delicioso Gala 2 de Luigi Bosca, Sebastián Rossi nos contó que Dell es el apellido de un señor, dueño de la compañía donde él trabaja. Parece ser que se trata de un tipo audaz, amén de ingenioso, que por un rifi-rafe de menor cuantía, se compró todas las acciones de su empresa que estaban en la bolsa de New York. Así nomás. De la mañana a la noche.

Alejandro Rainieri quiso demostrar que él también es un hombre que se mueve con audacia, por lo que nos puso al tanto de que su oficio tiene tal variedad de matices, que en alguna oportunidad le tocó organizar una inauguración de un hotel alojamiento. Nos costaba imaginar a las celebrities deambulando por las habitaciones, elogiando el tamaño de las camas y la comodidad de contar con espejos en el techo, pero…

Ricardo Celma, con su aire de pirata —todo de negro y con trapo en la cabeza—, celebró porque en este momento tiene una exposición montada en Brasilia con motivo de la inauguración de la nueva embajada de nuestro país. Bromas aparte, Celma me impresionó por su profesionalismo y humildad. Virtudes infrecuentes en algunos de sus colegas.

Carlos Pinasco pareció salir de un ligero letargo para asegurar que no debe haber mujeres en mesas de hombres, “porque los hombres se distraen seduciéndolas”. Atónito, el embajador Pico hablando en francés, idioma en el que se comunicó con la mesa, dijo que su mujer era brillante y que debería haber estado en la mesa.

Ricardo Celma se sintió observado porque comenzó a flotar la sospecha de que los pintores solían seducir a sus alumnas. Dio un argumento que convenció a todos: “salir con una alumna no es ganar una novia, sino perder una cuota…”.

Mientras tanto, el chef Yulita seguía con el desfile de provoleta con pipirrana, vichyssoise, tartar de salmón y sopa de hinojo, burrata, pesca del día con lentejas, lomo de novillo grillado. El vino había pasado a un Gala 3 casi sin que nos diéramos cuenta. Mientras, fuera del hotel seguían los aullidos de las quinceañeras y todos deseábamos que la lluvia arreciara para ver si apagaba los ánimos caldeados de la turba.

Sorrondegui mostró sus uñas marketineras y nos contó que el año que viene su empresa hará siete lanzamientos de nuevos vehículos. Tiene mucha fe en el Up que fue declarado el auto del año en Europa. Y nos sorprendió al afirmar que el Golf fue el modelo de auto más vendido en la historia. Aun más vendido que el propio “escarabajo” que hizo famosa a la marca.

Celma, mostrando un reconocimiento al apoyo que siempre le dio la Galería Zubarán, dijo que fueron los constantes fracasos en la Argentina lo que le permitieron buscar el éxito y encontrarlo en el exterior.

Rossi comentó que en Dell sospechan que el mercado de notebooks se encuentra agotado, porque el avance de las tablets y los smartphones es impresionante.

Sorrondegui tenía más cartas en la manga y las jugó: “el 2012 fue el año de más ventas en la historia de la empresa. Hay ocho meses de espera para un auto”. Pero no todas eran rosas. Parece que una marca de ¡calefones! está oponiéndose a la marca Vento.

Alejandro Rainieri escuchó lo de los siete lanzamientos del año que viene y deslizó su interés, casi indiferente, con cara de póquer, algo así como que si su empresa tuviera que ocuparse de algunos, seguramente encontraría un espacio en su abigarrada agenda.

Llegaron los postres, siempre presentados en el centro de la mesa y: “ sírvase lo que quiera”. El vino pasó de seco a dulce, apareciendo un Gewürztraminer delicioso.

Celma, un señor, terminó el dibujo para Vinicius, pero lo entregó dentro de un portarretrato que había llevado al efecto. Gesto nunca visto. Con esto, pasó de pirata a caballero en un abrir y cerrar de ojos.

La hora de los habanos estuvo reservada para unos Mágnum 46 de H.Upmann, cortesía de los amigos de Tabaquería Francisco de Miranda. Probar estos tabacos es reencontrarse con el sabor que solo se encuentra en las hojas seleccionadas en la región de Vuelta Abajo, la mejor de Cuba.

Uno a uno nos fuimos yendo con una sensación de haber compartido un momento de intenso buen humor, tan necesario en estos días. Habíamos disfrutado de una mesa donde abundó el dicharacheo. Buen grupo, buena comida, mejor lugar. Imposible pedir más.

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3 thoughts on “Hotel Faena: El Mercado

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