Eduardo Harvey, maestro de la ambigüedad

Eduardo Harvey, maestro de la ambigüedad

Eduardo Harvey, maestro de la ambigüedad

Este artista porteño que eligió vivir en un entorno campestre en Cañuelas, despliega una temática heterogénea que va mutando en sucesivas series. Retrato de un creador tan multifacético como coherente.

Hace ya más de 10 años, Rafael Squirru escribió en la crítica de una muestra de Harvey presentada en la mítica Carbonería de La Boca, que se trata de un pintor que se deleita con la ambigüedad. Visto desde la perspectiva del camino recorrido y en la cúspide de su carrera artística la definición queda totalmente ratificada.

Lo visitamos en su chacra en Cañuelas donde vive y tiene su estudio, y después de varias horas de disfrute de su arte y su hospitalidad, Palo (apodo familiar y marca registrada) aparece multifacético, coherente en su esencia y a la vez disperso en su lenguaje, deliberadamente ambiguo como dijera el poeta.

Porteño de pura cepa, nació en 1947, en el Pasaje Bollini, a pocos metros de donde más tarde Aldo Sessa instaló su estudio, enfrente de una caballeriza en la que Palo montó por primera vez y dónde empieza su amor por los caballos.

Inclinado naturalmente al dibujo optó por la ilustración como manera de ganarse la vida. Se formó concienzudamente e hizo una brillante carrera en los medios gráficos en la época en que el lápiz y el tablero ocupaban el lugar que luego fue de la computadora. Vale recordar que Raúl Alonso, Rómulo Macció y Juan Carlos Distéfano, entre otros grandes artistas, tuvieron igual escuela.

A la par, primero con pastel, luego con acrílico, inició la búsqueda de su propia paleta, su forma de componer el cuadro, en definitiva, la esencia de su pintura que en su temática va mutando y toma forma de sucesivas series.

Hizo su presentación en el mundo del arte en 1994 en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires con Vida: un conjunto de temática heterogénea de importante formato realizado en acrílico con técnica hiperrealista. Allí aparecen fragmentos deshabitados de paisajes urbanos rescatados de la desolación por pequeños signos de esperanza. Squirru escribió en La Nación que no dudaba en calificar los logros de la muestra como magistrales.

Su pintura evolucionó luego hacia un mundo menos real. En Nudos, presentada en 1999, aparece la figura humana enfrentada al conflicto. Éste viene representado por géneros enlazados que flotan en un ambiente surreal que no creo desatinado calificar de freudiano.

El naturalismo fue otra veta de Harvey, a la que vuelve recurrentemente: en 2001 presentó Cavalli argentini en la galería “9 Colonne” de Bologna, Italia. Tema que volvió a tomar el 2007. Al año siguiente encaró una serie de paisajes pampeanos tratados con una mano más suelta que podría vincularse con un post impresionismo romántico. Antes, en la ya mencionada muestra de La Carbonería (2004) sus Telones impresionaron por la minuciosidad hiperrealista en composiciones de reminiscencias barrocas.

El preciosismo del lenguaje reaparece en los Bancos. En esta, su producción más reciente, Palo recurre a distintos tipos de sillas, bancos y sillones para armar composiciones que hablan de soledad y ausencia. Ambiguo como es, sin embargo, dijo con humor que cuando terminó la serie se percató que él siempre pinta parado.

Tampoco da indicios que sus próximos pasos. Rodeado por la naturaleza, con un magnífico taller en medio del campo, Palo alterna entre cuidar sus caballos, cocinar para sus amigos, hacer (como Torres García) juguetes de madera y pintar. La musa decidirá de qué hablará su próxima serie.

RELATED ARTICLES

Justo Lynch y el arte de soltar amarras

Justo Lynch y el arte de soltar amarras

El único verdadero representante del

READ MORE