Residencias rusas

Residencias rusas

Residencias rusas

Tan variadas como las personas que habitan esta tierra, estas casas que van desde modestas viviendas campesinas a opulentos palacios reflejan la rica herencia cultural y la diversidad del país más extenso del mundo.

 

Los bosques que rodean la república de Carelia son la principal fuente de materiales para la construcción en esta región que hizo del trabajo de la madera un soberbio arte. Entre las catedrales de la isla de Kijí se destaca la iglesia de la Transfiguración construida en 1714. Es la única con múltiples cúpulas que sobrevive de la era de Pedro El Grande. Llama la atención el minucioso trabajo elaborado con tejas talladas superpuestas.

 

Las tradicionales viviendas campesinas de madera de los siglos XIX y XX tienen el nombre de “izbas”. En general se construían cerca de un camino y llamaban la atención por sus colores y sus elaborados ornamentos en madera. Esta casa se distingue entre las de sus vecinos por los motivos de animales que se pueden detectar en la fachada. El mosaico de ventanas de diversos hogares exhibe la gran diversidad decorativa de este tipo de edificaciones.

 

El Palacio y los jardines de Monplaisir eran los favoritos de Pedro el Grande en Peterhorf, su Versailles personal. Ubicada en la costa del Golfo de Finlandia, esta residencia se parece a una mansión colonial holandesa. Una rareza es esta pequeña habitación de inspiración china. Sus paneles en laca roja y madera tallada fueron creados por un equipo de artistas conducido por un gran maestro holandés. También los soportes para valiosas piezas de porcelana.

 

De estilo rococó, el Palacio de Catalina ubicado en Pushkin era la residencia de verano de los zares de Rusia. Lujo, belleza, historia y excentricidad se conjugan aquí. La Galería Dorada resplandece en un fulgor de oro. Espejos, imponentes marcos, candelabros y valiosas pinturas como el retrato de Elizabeth pintado por un artista alemán, son algunos de los elementos que componen esta impactante serie de espacios.

 

El Palacio de Pávlovsk representa como ningún otro el estilo imperial clásico. Su estilo está influenciado por la visita que Pablo I de Rusia y la princesa María Sofía Dorotea de Würtemberg realizaron a Francia, Italia y Austria. Estrictamente clásico, el hall griego ostenta esta enorme urna con ornamentos trabajados en bronce. Está considerada como uno de los mejores ejemplos del tallado en piedra ruso de principios de siglo XIX.

 

El palacio Moika o palacio Yusúpov fue la principal residencia en San Petersburgo, de los nobles de Yusúpov. Uno de sus salones más espectaculares es de estilo morisco y fue diseñado por el italiano Ipolit Monigetti. Cuenta con un hogar hecho en onix, paredes talladas en mármol y hasta una fuente. Aunque los muebles del salón morisco no sobrevivieron a la segunda guerra mundial fueron reemplazados por otros que imitan el estilo original.

 

El escritor marxista Máximo Gorky terminó sus días en Moscú en una esplendorosa mansión estilo “art noveau”. El imponente mobiliario de la época y los objetos de arte oriental que la decoran terminan de definir la estética de esta lujosa vivienda. Su escalera curvilínea de piedra caliza conecta la planta baja con el primer piso y es uno de los elementos más atractivos. También, la llamativa lámpara de bronce que la ornamenta.

 

La casa moscovita del artista plástico Anatoly Brussilowsky es una recreación del espacioso hogar que tenían sus abuelos en Odesa, Ucrania. Durante años su dueño se dedicó a rescatar antigüedades del período imperial. Además de sus extraordinarios hallazgos, como esta colección de huevos rusos de cristal tallado, esta residencia expone la obra erótica y política de Brussilowsky que años atrás estaba censurada.

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