El regreso absoluto de una leyenda

El regreso absoluto de una leyenda

El regreso absoluto de una leyenda

Hacía cinco años que Tiger Woods no cumplía una temporada casi completa en el circuito internacional. Los destellos de su poderoso juego en el Tour Championship de Atlanta lo sitúan entre los favoritos para ganar los principales torneos e incluso alguno de los majors.

Del puesto 1199 a las puertas del top ten en solo un año. Este 2018 resultó ser el año del regreso definitivo del infierno para Tiger Woods. Aunque aún no pudo coronar ningún torneo de los grandes, la leyenda del golf volvió a mostrar al gran público toques de su talento y, tal vez lo más importante, pudo alejar los fantasmas que lo persiguieron entre quirófanos, miles de páginas escritas en las secciones de policiales y en varios escándalos que pusieron en riesgo hasta su vida.

Woods termina esta temporada disputando 18 torneos. Hay que remontarse hacia 2013 para encontrar una temporada casi completa del estadounidense en el exigente circuito internacional. A fines de 2017, Woods reapareció en un torneo de exhibición, el Hero World Challenge, logrando un meritorio noveno puesto. Pocos meses antes de su vuelta, el estadounidense se había sometido a su cuarta operación de espalda. En ese entonces, reveló con crudeza que casi no había podido caminar por varios meses y que los dolores eran insoportables.

Woods es una leyenda otra vez en competencia. Algo así como si Michael Jordan volviera a disputar partidos de playoff en la NBA o si el propio Maradona volviera a jugar un Mundial con la Selección argentina. Fue el hombre que convirtió en global un juego de elite, y quien cambió el golf en un deporte de alta competencia. Niño prodigio, desde 1996 ganó 14 torneos de los denominados grandes (Jack Nicklaus todavía ostenta el récord de 18 majors) y obtuvo 80 títulos en el PGA Tour, con una fortuna valorada por Forbes en más de 700 millones de dólares. Su talento e imagen arrolladora lo convirtieron en un imán para marcas que solo se interesaban en el básquet, el fútbol americano y el béisbol. Así fue como Nike, Gillette y Gatorade pusieron millones de dólares durante años en él; hasta que todo se vino en picada.

Un accidente de auto en 2009 le mostró al gran público por primera vez que el hombre invencible también caminaba al borde del infierno. El Día de Acción de Gracias fue tapa de todos los medios norteamericanos cuando estampó de madrugada su auto contra la entrada de una de sus mansiones en Orlando. Desde ese momento, comenzaron a salir a la luz las decenas de infidelidades que lo llevaron a romper el matrimonio con la modelo Elin Nordegren. No solo ella lo abandonó, también lo hicieron sus patrocinadores, y millones de fanáticos veían estupefactos cómo se desmoronaba el mito entre escándalos.

Hace dos años, otro accidente de auto volvió a poner su rostro ojeroso en la portada de los medios sensacionalistas de su país. Chocó mientras conducía bajo los efectos de las drogas por su lujosa isla privada del estado de Florida. Las drogas eran algo que, según aclaró después, lo hacían sobrellevar los fuertes dolores de tantas operaciones. Los fantasmas de una nueva recaída del campeón volvieron a sobrevolar el universo Woods.

Sin embargo, este año que cierra parece ser el de su regreso absoluto. A los 42 años ganó el Tour Championship de Atlanta con un juego arrollador. Los analistas del golf lo sitúan entre los favoritos para triunfar en los principales torneos del circuito, incluso alguno de los majors después de once largos años. «Jugué los últimos siete torneos de la temporada en nueve semanas y eso es demasiado. Estaba agotado mental, física y emocionalmente en la Ryder. En 2019, cada mes habrá un torneo importante y tengo que asegurarme de que estoy físicamente mejor que en 2018. Aún estoy analizando mi calendario», contó Woods sobre los desafíos que se le acercan en su carrera profesional.

Las marcas de sus problemas personales siguen presentes en el campeón. Por eso, y pese a los buenos augurios de sus colegas, Woods sabe que nada será como antes. Así lo graficó hace pocos días: «Ahora no es lo mismo, nunca será ya lo mismo, nunca sentiré eso de nuevo. Físicamente nunca estaré como entonces, cuando tenía 28 años, así que las expectativas son diferentes a lo que acostumbraban a ser. ¿Puedo ahora todavía ganar y competir? Sí. ¿Puedo hacerlo durante los próximos 20 años? No, porque eso no es realista».

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