Palacios andantes

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Símbolo de progreso para el mundo de la revolución industrial que le dio nacimiento, el viejo tren le ofrece al presente, de la velocidad y lo instantáneo, la experiencia de visitar los destinos más exóticos a bordo de lujosos vehículos con alma retro. Conozca como nunca lugares de Asia, África, Oceanía, Europa y América, con la magia única del tren.

Una de las metáforas más usadas en relación con los trenes suele ser aquella que vincula la tecnología básica por la cual se desplaza este medio de transporte con una vida sosegada, donde vamos cumpliendo los objetivos que nos planteamos. Y en este “andar sobre rieles”, del que hablamos usualmente con placer, bien podemos situar lo que se ofrece a quienes quieran viajar en estado de paz y dispuestos a apreciar sin apuro la belleza. En ese sentido, programarse para viajar en trenes turísticos puede ser una posibilidad tan especial como la de los cruceros en grandes barcos, pero con aquello que sólo el tren puede dar. Para entenderlo, tal vez sirva que el lector se imagine sentado en una habitación del hotel que más haya disfrutado, le ponga ventanas amplias que permitan ver el exterior, y luego sienta que un movimiento de rítmica constante lo lleva a recorrer bellísimos paisajes mientras sigue disfrutando de su dosis precisa de confort.

Eso garantizan quienes aman viajar por el planeta en tren, el vehículo nacido en la Inglaterra de la Revolución Industrial con el fin primero de transportar carbón en extensas minas. Se sabe que la primera locomotora nació en julio de 1814 y su constructor fue Richard Trevithick, hijo natural del período en el cual el hombre creía que, gracias a su inteligencia y al dominio de procederes técnicos, podría dominar como nunca antes el mundo. Y si bien el concepto mismo de los rieles tiene un origen en el imperio romano, cuando se encontró una manera de que un solo animal transportase mucho carros, la máquina de vapor inglesa del siglo XVIII es la que aún hoy funciona en algunos de los viajes del turismo más exclusivo.

 

 

Cuestión de elegir

Quienes más saben del tema son los responsables de la Sociedad Internacional de Viajeros del Ferrocarril (The Society of International Railway Travelers), entidad formada hace poco menos de 30 años que publica anualmente un boletín donde analiza con minuciosidad cuáles son los mejores viajes en trenes de lujo que pueden hacerse cada año. Para el que comienza, la lista de 25 opciones incluye a Canadiense, Royal Canadian Pacific y Rocky Mountaineer en América del Norte, Explorador Andido y Hiram Bingham en América del Sur, Blue Train y Pride of Africa en África, Palace on Wheels, Eastern & Oriental Express, Shangri-La Express, Toy Train y Deccan Odyssey en Asia, Danube Express, British Pullman, El Transcantábrico, Golden Eagle Trans-Siberian Express, Venice Simplon-Orient-Express, Glacier Express, Bernina Express, Royal Scotsman, Flam Railway y Bergen Railway por Europa. Y finalmente, Ghan, Indian Pacific y Sunlander por Oceanía. ¿Qué es lo que une a todos estos trenes, más allá de que recorran paisajes sumamente diferentes y cada uno de ellos ofrezca estilos decorativos muy particulares? Todos cumplen con la exigente evaluación de la entidad internacional, nacida en 1983, que vigila el cumplimiento de ciertas reglas para que estos trenes puedan ser considerados un hotel sobre ruedas. Las categorías son: Luxury (servicio de cinco estrellas, comedor, salón, coches cama, servicio de tours fuera del tren y ambiente muy cuidado), First Class (excelentes servicios en la mayoría, pero no en todos los criterios citados) y Steam/ Railfan (diversión y emociones en coches a vapor, con alojamiento o comida de tres a cuatro estrellas y un gran sentido de la aventura).

 

 

Para no marearse con el listado de opciones, vayamos con una descripción mínima de algunos de los más prestigiosos trenes que pueden tomarse en la actualidad. El Orient Express cruza, desde 1883, siete países en seis días y permite vivir la noche en tierra de ciudades como Budapest y Bucarest. The Pride of Africa ofrece recorrer el continente africano, de Ciudad del Cabo a El Cairo, cruzando doce países e incluyendo un vuelo para visitar la isla de Zanzíbar y un crucero de tres días por el lago Nasser. Para conocer otra España, el Transcantábrico Gran Lujo recorre de Santiago de Compostela a San Sebastián, en vías paralelas al mar, cruzando bosques, valles y montañas. Quien quiera saber de más alternativas, de precios a itinerarios, bien puede acceder a la web de la IRT (www.irtsociety.com) y elegir, por fin, cómo celebrar con un viaje esa sensación fabulosa de tener la vida sobre rieles.

 

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