Almuerzo de Epicúreos: Edición 49

Almuerzo de Epicúreos: Edición 49

Almuerzo de Epicúreos: Edición 49

Llegamos a fin de año y en el marco del restaurante St. Regis, en las Sheraton Towers de Retiro, Carlos Mantovani convocó a un grupo de notables al último Epicúreos del 2018. Los invitados fueron Santiago Pont Lezica, director de la FM Milenium; Claudio Hartig, de Editorial Platt; Pablo Naumann, gerente de marketing de la bodega Catena Zapata; Gustavo Biassoni, gerente de Ruy Mossi Advertising Agency; Martín Sorrondegui, gerente de Volkswagen; Matías Ola, campeón argentino de nado en aguas abiertas y Martín Wullich, locutor, periodista y animador difícil de encuadrar.

Estos almuerzos tienen una cuota de show tanto por el lugar, como por el servicio y la estupenda comida que se sirve. En este caso Pablo Naumann dio un paso adelante, tomó la preciosa botella que encerraba un Saint Felicien Grenage rosado y ofreció una copa a cada comensal. Para mis adentros pensé: Pablo no pierde el easy-touch que lo hizo famoso.

Mientras algunos hacían buches enológicos simulando una gran capacidad de apreciación, este sommelier calificadísimo no esperó a que nadie aventurara una opinión sobre el aspecto de este estupendo vino: «Observen que tiene el típico color de la piel de la cebolla». Y vamos a ser francos: tenía el color de la piel de la cebolla. Lo más llamativo era su packaging ya que la botella tiene hasta tapón de vidrio. Aunque, si de vino se trata, no hablar de la forma magnífica en que está vinificada la cepa Garnacha sería omitir la más importante de sus virtudes.

De pronto la mesa se transformó en uno de los almuerzos más singulares de los muchos que hemos tenido. Comenzó a contar su historia Matías Ola. Un hombre muy curioso, al que rápidamente Martín Wullich le disparó un chascarrillo: «Un nadador que se llama Ola…». Bromas aparte, Ola, un tucumano, criado en Salta, asmático de niño, siguió a los 25 años la recomendación de un médico que lo impulsó a la natación como una forma de atenuar o directamente combatir sus problemas pulmonares. A esa edad aprendió a nadar, para prontamente participar de competencias en el norte de nuestro país y descubrir que por fin el asma lo había abandonado definitivamente.

Lo convocaron del CENARD (Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo) desde Buenos Aires para que viniera a entrenarse en alta competencia. Pronto conoció el Circuito de Aguas Abiertas de la Federación Internacional de Natación (FINA) que lo llevó a ser un campeón de esa disciplina. Ideó su propio desafío: dejar de utilizar traje de neoprene y nadar en aguas congeladas sin protección alguna. Da escalofrío escucharlo contar que cruzó el estrecho de Bering en las proximidades del Polo Norte, el canal de Beagle entre Chile y Argentina y el estrecho de Gibraltar. También dio la vuelta a la isla de Manhattan nadando en un periplo de 83 kilómetros, entre otras hazañas deportivas.

Martín Wullich nos arrancó una carcajada cuando se explayó sobre la relación entre oficios y apellidos: «Alguna vez entrevisté una ginecóloga que se apellidaba Cueva. En otra oportunidad saqué al aire a un experto en vinos que se llamaba Tinto». Acalladas las risas, Hartig contó que él es la tercera generación en su familia que continúa con el negocio gráfico que inició su abuelo polaco. El negocio tuvo su momento cumbre cuando empleaban a 365 personas. Él mismo pasó a dirigir la empresa allá por el año 96, luego de recorrer todos los sectores de la firma trabajando de 6 am hasta las 2 pm. Recordó que el bienio del 86 al 88 fue muy duro en general, pero para esa industria en particular las cosas resultaron peores. Este factor y la tecnología hicieron que hoy operen con 35 personas, dedicados más que nada a trabajos muy alejados de lo masivo y orientados a lo que él considera un segmento «boutique».

Carlos Mantovani le preguntó a Santiago Pont Lezica cómo llegó a ser director de la FM Milenium. A todos los radioescuchas su respuesta nos retrotrajo en el tiempo por la mención de FM Horizonte 94.7, de la que fue director artístico: «Luego me fui a vivir a España durante casi diez años. Y Milenium surgió en el año 1998», comentó este innovador que supo hacer una marca registrada de su exitosa emisora.

Quien también sabe, y mucho, de comunicación y marcas es Gustavo Biassoni. El gerente de Ruy Mossi Advertising Agency explicó que su firma tiene experiencia en diferentes mercados. Y que lo que sus clientes buscan es efectividad: «Siempre decimos que solo dos palabras nos representan: numbers talk, el resto es humo», aseguró categórico. Entre sus clientes están Bariloche Turismo, Panasonic, Unilever, Branca, Surrey e Inesina Solar, entre otros.

Sorrondegui expresó que en las empresas del tipo de Volkswagen se trabaja siempre con un horizonte de 10 años. Momentos como los que pasa hoy nuestro país no los hacen distraer del largo plazo. Esto lo llevó a afirmar que ese futuro lo visualiza bajo el dominio del segmento de automóviles eléctricos. Hay dos barreras que se van superando: el precio y la autonomía. Todos estábamos al tanto, quien más, quien menos, sobre esos impedimentos, pero Sorrondegui nos alentó: «Los precios vienen bajando y en algunos modelos ya están en el mismo nivel que los automóviles a combustible. El tema de la autonomía se va resolviendo por dos puntas: las baterías son cada vez más eficientes y suman más kilómetros recorridos con una carga y, además, los tiempos de recarga están bajando dramáticamente. Hoy hay baterías que se recargan en 15’, y cuando se regularice su fabricación bastará detenerse a tomar un café para poder continuar por varios cientos de kilómetros más sin problema».

Volvió Ola volvió a sorprendernos con su actividad. Comentó que para hacer algunos cruces a nado hay lista de espera de hasta dos años; por ejemplo, el canal de la Mancha o el estrecho de Gibraltar. Alguien tuvo curiosidad por saber sobre la alimentación durante esas interminables horas en el agua y, para eludir esa suerte de secreto profesional, Matías dijo que el gran nadador Antonio Albertondo, el primer argentino en hacer el cruce ida y vuelta del Canal de la Mancha en 1961, se alimentaba comiendo sándwiches de milanesa o pollo frito.

«¿Por qué te contratan a vos Martín?», le preguntó Naumann a Wullich, a lo que este le respondió: «A veces porque te conocen. En otros casos porque les gusta tu voz. En general eluden a los famosos porque la imagen del famoso termina por devorar la del producto. A mí me gusta, en cierta forma, pasar a tener como apellido el nombre del producto». Hoy lo llaman del Teatro Colón para hacer anuncios, lo que lo gratifica mucho. Aunque alguna vez tuvo el sinsabor de que estaba por cerrar un acuerdo con una firma y tuvo que desistir a último momento cuando se enteró que se trataba de una marca de preservativos…

Como siempre, los buenos vinos, la mejor comida y, sobre todo, esa suerte de jardín de invierno que tiene el salón del St. Regis invitaban a demorar la partida. Como otras veces, todos nos quedamos con ganas de una larga sobremesa. Las historias de Ola sobre competencias en Finlandia nadando en aguas que se congelaban, Sorrondegui que nos seguía informando sobre los cambios que se avecinan: «Les aviso que en Europa ya hay una fecha para que dejen de circular los automóviles a combustible». Estábamos atrapados por la charla, pero al mirar los relojes cada uno despierta a la realidad que finalmente maneja la vida de todos. Un Epicúreos más, el último del año, había transcurrido. Carlos Mantovani satisfecho. Todos nos despedimos previo el infaltable intercambio de tarjetas que abre la posibilidad de un próximo reencuentro.

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