Luis Aquino, un ecologista avant la lettre

Luis Aquino, un ecologista avant la lettre

Luis Aquino, un ecologista avant la lettre

A cinco décadas de su muerte, un perfil que rinde tributo a este artista argentino que a mediados del siglo pasado se consagró por sus límpidos paisajes de nuestra vasta geografía.

Cincuenta años atrás, Nicolás García Uriburu hizo su primera coloración de aguas en los canales de Venecia. Fue una intervención artística pionera en pro de la conservación de la naturaleza que dio origen al arte ecológico y tuvo trascendencia mundial. Ese mismo año falleció en Acassuso, Luis Isabelino de Aquino y Bousquets.

Había nacido en 1895, en Buenos Aires. Conservación y ecologismo eran conceptos aún no acuñados a principios del siglo XX cuando Aquino decidió su destino; pero en la elección del camino, la trayectoria y su obra puede fácilmente descubrirse una actitud en ese sentido. Descendía de una antigua familia de origen español. Su educación fue esmerada desde el comienzo. No por casualidad se inclinó tanto al humanismo como a las ciencias naturales. Fue colaborador del premio Nobel Bernardo Houssay e hizo del laboratorio su medio laboral. Paralelamente, aprendió los rudimentos del dibujo y la pintura. Desde temprano su temática fue la naturaleza.

 

 

“Algarrobo” óleo (1926). Colección Museo de Arte de Tigre (MAT)

 

 

Con el aliento de José León Pagano, viajó a Córdoba. En 1925, presentó su primera exposición de paisajes en Amigos del Arte de la calle Florida. Al año siguiente, volvió a la provincia mediterránea para trabajar junto a Fernando Fader, quien generosamente lo acogió en su casa de Loza Corral. Juntos pintaron en Ischilín y otros parajes serranos. Años más tarde, Aquino, con humildad, evocó a Fader como “incomparablemente el mejor dotado y además, un raro ejemplo de pura conducta moral”.

Sus exposiciones se sucedieron tanto en Buenos Aires, donde las galerías Muller, Witcomb, Gutiérrez y Argentina se disputaron al exitoso artista, como en otras ciudades (Córdoba, La Rioja, Mar del Plata, Rosario y La Plata). Hizo envíos al Salón Nacional  y a distintos salones provinciales. En 1946, fue designado director del Museo Municipal de Arte Colonial que por su iniciativa, a partir del año siguiente, tomó el nombre de “Isaac Fernández Blanco”. Abandonó entonces  el microscopio y avocó su vida por entero al arte.

Su temática se amplió: pintó los objetos de la colección del museo e hizo retratos. Afloró su raíz hispánica: en 1952, recibió la Orden de Isabel la Católica en grado de Comendador y en 1960 fue invitado de honor del Instituto de Cultura Hispánica de Madrid, donde expuso veinte óleos. Viajó a Galicia pintando paisajes rurales y urbanos como “Pontevedra”, acá reproducido.

 

 

“Atardecer en San Isidro”, óleo (1946). Colección Museo Provincial de Bellas Artes Franklin Dawson, San Juan

 

 

Incursionó en la escultura y se dedicó a la medallística. Como destacó el investigador Oscar de Masi, su producción de relieves en placas funerarias de bronce, revela una estética religiosa específica, cercana a los formalismos paleocristianos, románicos y bizantinos. Su consagración dentro de nuestro arte, no obstante, se debe a sus límpidos paisajes de nuestra vasta geografía. Nuestros más importantes museos atesoran muchas de estas obras (véanse los de la colección del MAT de Tigre y Museo F. Rawson de San Juan). En ellas Aquino volcó su respeto y amor por la naturaleza, destacando su belleza en obras igualmente bellas.

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