Una cancha emblemática

Una cancha emblemática

Una cancha emblemática

Ubicado en Avenida Márquez 1702, en la localidad de San Isidro, el campo de golf del Jockey Club Buenos Aires ocupa un predio de aproximadamente ochenta hectáreas. Allí se encuentra un verdadero reto para la comunidad golf ista: La Colorada.

Mi intención es construir un campo de golf agradable, en un entorno natural y pintoresco donde todos puedan divertirse”, dijo el inglés Alister Mackenzie al llegar a Argentina en 1930 para supervisar la construcción de las canchas del Jockey Club que él mismo había diseñado en papel dos años antes. Con lomadas suaves de contornos cambiantes, greens protegidos por bunkers laterales, un sistema de drenaje que las resguarda de la lluvia y una variada forestación que la protege del viento, La Colorada es considerada como una verdadera joya de la arquitectura deportiva y apreciada por los mejores jugadores del mundo. “Está plagada de detalles que los experimentados jugadores sólo descubren después de haberla recorrido varias veces. Es una cancha difícil para los buenos y que le facilita las cosas a los malos, de modo que todos pueden divertirse en ella”, la describió Carlos Bracht, campeón nacional de 1957, conocedor como pocos de las virtudes y dificultades que posee este afamado terreno de juego.

A pedido

Considerado entre los tres mejores arquitectos de la historia del golf, Mackenzie diseñó más de 360 canchas a lo largo y a lo ancho de Gran Bretaña y Estados Unidos, donde poco después ideó el tradicional campo del Augusta National, sede actual del Masters. Su prestigio de gran diseñador ya era reconocido a fines de la década del 20 y le valía desempeñarse como asesor de los clubes de gran tradición como Saint Andrews, Royal St. George y el Prestwick. Pero la crisis económica que por esos años golpeó la economía de los países centrales detuvo la construcción de canchas de golf en el norte del mundo.

Mackenzie recibió un encargo de parte del Jockey Club de Buenos Aires, una pujante institución deportiva fundada por Carlos Pellegrini, presidente de la nación entre 1890 y 1892. Debía diseñar dos canchas de golf de 18 hoyos en un predio de 80 hectáreas ubicadas en San Isidro. Sobre un plano dividió el terreno con dos lápices, uno colorada y otro azul, que representaban los colores de la institución y que desde entonces designan a cada una de las canchas.

 

 

 

 

El arquitecto supervisó luego en persona los trabajos de nivelación y la realización de un sistema de desagüe y drenaje que perduró durante 60 años. La tierra removida se utilizó para crear leves ondulaciones que constituyen un interesante desafío para los deportistas. Para los entendidos, las complicaciones que ofrecen los campos son tales que podría prescindirse de bunkers, algo que pensaba el propio Mackenzie que sin embargo aceptó emplazarlos con el propósito de darle mayor emotividad al juego. Además reprodujo detalles peculiares de otros escenarios que él mismo diseñó. El hoyo 12 de La Colorada está inspirado en el Eden hole de Saint Andrews, en Inglaterra; el 17, en el Redam de Berwick, en Escocia; en tanto que el 16 que se anticipó, en el 8 de Augusta National.

El efecto que se produce en las dos canchas es similar a la de una alfombra con ondulaciones lo que les otorga un leve aspecto artificial. Una característica que es responsabilidad del ingeniero Luther Koontz, asistente de Mackenzie y famoso por su detallismo. Tal vez sea ésta una de las pocas observaciones que puedan recibir La Colorada y La Azul.

Si bien las dos canchas de 18 hoyos poseen dimensiones similares (la Colorada de 6628 yardas y 164.573 m2 y la Azul de 6229 yardas y 155. 470 m2), el escenario más célebre es La Colorada, por haber albergado las competencias más prestigiosas. Fue sede de la Copa del Mundo en 1962 y 1970. En ella actuaron además grandes jugadores como Bobby Jones, Byron Nelson, Gene Sarazen, Jimmy Demaret, Henry Cotton, Paul Runyan, Johnny Revolta, Jim Turnesa, Sam Snead, Arnold Palmer, Severiano Ballesteros, José María Olazábal, Mark O´Meara, Sergio García y Tom Watson. La cancha recibió en 2002 una distinción del European Tour, al considerarla como “un verdadero reto para el golf” y uno de “los mejores campos del mundo”.

Hasta Roberto De Vicenzo, la figura más grande del golf argentino, supo desplegar su enorme talento sobre la superficie de La Colorada. El gran maestro posee el récord del score más bajo logrado en la cancha, con 269 golpes y 19 bajo el par, cuando hace 41 años obtuvo el trofeo individual de la Copa del Mundo. “No podría decir que es la cancha más difícil que conozco, pero jugar allí es un desafío para cualquier jugador”, señaló Don Roberto. ¿Hace falta agregar más?

Vinicius • Edición 19 (2011)

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