La capital mundial del entretenimiento… ¡y mucho más!

La capital mundial del entretenimiento… ¡y mucho más!

La capital mundial del entretenimiento… ¡y mucho más!

Tierra de sueños y fantasías. Fuente de glamour. Ref lejo de la perfección. Es muy fácil sentirse –o creerse– una estrella en Los Ángeles. Pero no todo gira en torno a un mundo frívolo, hay mucho más para descubrir en la segunda ciudad más grande de los Estados Unidos, después de Nueva York. Vinicius viajó para conocer la cuna de las celebridades, el Four Seasons Hotel Los Angeles Beverly Hills.

Quienes visitan Los Ángeles por primera vez se enamoran de la ciudad, especialmente si les gusta sentirse en la vidriera del mundo. Es que para algunos llegar a Hollywood es sinónimo de estar en la meca de la belleza y, para otros, es una metrópoli mágica porque allí se mezclan distintas comunidades y cada una de ellas ofrece una personalidad particular.

La ciudad, fundada en 1781 por colonos mexicanos, fue bautizada como El pueblo de Nuestra Señora la Reina de Los Ángeles de Porciúncula, pero fue acortado por razones obvias. Desde entonces, se la ha llamado con varios nombres diferentes, desde La La Land hasta Tiseltown, aunque en la actualidad es conocida como LA.

Sus 122 km de costa pacífica del sur de Caifornia –desde Malibú hasta Long Beach–, son el punto de encuentro de turistas provenientes de todas partes del mundo atraídos por lo mismo: el clima suave, el mar y la luz del sol. Pero el momento decisivo que dio fama mundial a la ciudad llegó en la década de 1920, cuando la industria cinematográfica se dio cuenta de que lo que faltaba en Nueva York, por entonces la capital del cine americano, era precisamente sol. La industria se mudó al oeste y Hollywood, por entonces un simple barrio, se hizo famoso.

Cuna de estrellas

Apenas entramos al lobby del hotel nos recibió muy amablemente Kim Kessler, quien hace un año y medio trabaja como directora de relaciones públicas del Four Seasons Hotel Los Angeles Beverly Hills. Enseguida entendimos que es uno de esos lugares en donde cada detalle está pensando, y nada es dejado al azar.

Kim nos explicó que cuentan con 285 espaciosas habitaciones y suites, además de dos presidenciales y una royal suite. Todas tienen puertas francesas a un balcón con vistas a los jardines, las colinas de Hollywood o Beverly Hills. Nuestra suite –con un lujoso baño de mármol– estaba decorada en tonos cálidos que hacían eco de la luz del sol del sur de California, ¡y podíamos ver el famoso cartel de Hollywood! Al verlo ya sentimos la magia de la ciudad y la ansiedad nos obligó a querer conocer más del hotel.

El día estaba soleado así que fuimos directamente a la pileta ubicada en el cuarto piso. Allí disfrutamos de un relajado almuerzo en el restaurante Cabana, al aire libre, recientemente renovado. También visitamos el gimnasio semiabierto que está ubicado junto a la pileta, pero sólo fue una visita porque, a pesar de la insistencia de los personal trainers que nos invitaban a hacer todo tipo de rutinas, la vagancia pudo más y ganó la pulseada. Nos escapamos de la actividad física para ir a conocer los alrededores del hotel.

Aprovechamos el servicio llamado Car house, cada persona que se hospeda en el hotel tiene la posibilidad de dar un paseo en auto dentro de un radio de dos millas. Lo interesante es que uno tiene que elegir (nada más ni nada menos) entre un flamante Rolls Royce Phantom o un elegante Mercedes Benz S500. ¡Atención! Para aquellos que se hospedan en las suites presidenciales o Royal suite, los modelos de los autos de cortesía son para toda su estadía y pueden ser: Lamborgini, Ferrari, Masserati, Bentley, Rolls Royce.

Como no queríamos desperdiciar esta oportunidad, nos fuimos a dar un paseo en Rolls Royce por Rodeo Drive. También pasamos por Robertson Blvd, a tan solo tres cuadras del hotel, en donde se encuentran las colecciones de diseñadores en boga. Pero no todo es compras. Obviamente los turistas visitan el enorme cartel de Hollywood en Griffith Park y las mansiones de las estrellas en Beverly Hills, los estudios de las grandes compañías de entretenimiento, pero también disfrutan de la vida nocturna de Sunset Strip, la playa de Malibú o Santa Mónica o simplemente observan a la gente. Sin lugar a dudas Los Ángeles es una ciudad exuberante.

Espíritu cosmopolita

“Beverly Hills es un destino tanto para los negocios como para la relajación. En Four Seasons Hotel Los Ángeles se hospeda mucha gente de la industria del entretenimiento”, nos explica Kim Kessler. Por eso no nos llama la atención que su Windows lounge se conozca como la sala de estar de Hollywood. Es el punto de encuentro en donde todos disfrutan de un sofisticado trago y un habano.

A la noche, decidimos desafiar nuestros paladares en el restaurante italiano Culina, renovado en marzo de 2010 con una inversión de 35 millones de dólares, donde la decoración combina simplicidad con elegancia. El chef Víctor Casanova refleja su pasión por la cocina italiana moderna en la carta. Disfrutamos sus pastas caseras y delicias del mar Mediterráneo.

Como la atención personalizada, la buena predisposición y amabilidad del personal son el sello inconfundible de la cadena Four Seasons, nos dejamos mimar en el santuario más exclusivo de Los Ángeles, su Spa. Es el refugio perfecto para relajarse y rejuvenecerse… Ofrece decenas de tratamientos pero por experiencia propia me animo a recomendar el Fango Desintoxicador. Se trata de una terapia europea que ayuda a mineralizar la piel con fango tibio. También pueden tomar unos masajes en una de las cabañas privadas junto a la pileta, o en su propia habitación.

Este lujoso hotel de cinco estrellas se convirtió en un ícono de Hollywood por su atractivo estilo del sur de California y la buena energía que se percibe en todo el lugar. Sin lugar a dudas el objetivo de Four Seasons es que todos se sientan cómodos y quieran volver a la ciudad y, de hacerlo, que se hospeden nuevamente allí. ¡Ojalá podamos regresar!

Vinicius • Edición 20 (2011)

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