Ilustradores ilustres

Ilustradores ilustres

Ilustradores ilustres

Si una línea de tinta pasara –como antorcha olímpica– de mano en mano de nuestros dibujantes durante estos doscientos años ¡daría la vuelta al mundo!

La vida cotidiana, la imaginación, las críticas, la moda, el arte, la historia, el buen humor se han expresado en los trazos de artistas como Bacle, Eduardo Sojo, José María Cao, Dante Quinterno, Molina Campos, Roux, Divito, Quino, Breccia, Hugo Pratt, Landrú, Oski, Caloi, Kalondi, Fontanarrosa.

La costumbre de dibujar ha hecho historia en Argentina. Hubo, a mediados del siglo pasado, un importante movimiento de arte en la universidad de Tucumán. Lo lideró Lino Spilimbergo. Y se le ocurrió nada menos que invitar a Picasso, para que viniera a enseñar dibujo. Picasso –que estaría lo más entretenido dibujando faunos en Antibes– se excusó, pero recomendó a un dibujante húngaro, Laszlo Salay. El húngaro vino y modificó la técnica de toda una escuela. Sus enseñanzas, a través de Spilimbergo, formaron al talentoso Carlos Alonso. La elegancia del trazo, la acentuación sensible de la línea, la mancha dirigida con inteligencia, los espacios jugando como planos necesarios, que destacan y equilibran las zonas dibujadas… todo eso enseñó Salay.

Pero, aun antes, los dibujos hicieron historia en Argentina. Entre los primeros están los de César Hipólito Bacle, su serie de trajes y costumbres inició aquí el vínculo entre el humor y el dibujo: sus impertérritas mujeres con inmensos peinetones dejaban tuertos a quienes las cruzaban.

 

 

 

 

El dibujo nos acompaña con su gracia casi desde que nacemos: la ilustración de un cuento preferido, las historietas… Llevamos en el corazón la colección Robin Hood, los dibujos de Harold Foster del Príncipe Valiente. ¡Y Hergé, con Las aventuras de Tintin!

En Argentina, Carlos Alonso —su serie del Quijote, por ejemplo— se distingue por la sensibilidad de su trazo. Pero con gran variedad de estilos encontramos otros muchos talentosos dibujantes: el padre de los caricaturistas fue José María Cao, un gallego que en 1886 llegó a Buenos Aires y hacía caricaturas por Paseo Colón, para vivir. Después, sus Caricaturas Contemporáneas tuvieron fama internacional. Con otro español, Eduardo Sojo, fundó la revista Caras y Caretas, en 1898.

Eduardo Sojo firmaba Demócrito. Hizo Don Quijote, una revista de crítica política que duró hasta 1905. Juárez Celman le prohibió que lo caricaturizara. Sojo lo simbolizó como “el burrito cordobés”. A Roca lo dibujaba como un zorro; a Uriburu como un búho. Estos dos españoles dejaron huella muy fuerte con sus caricaturas políticas.

Los dibujantes satíricos europeos (podríamos incluir a Daumier y hasta a Goya con sus Caprichos) hicieron lo suyo, pero los norteamericanos popularizan las tiras semanales ¡y comenzaron a usar el “Continuará”! En  Argentina, la primera historieta con esa leyenda al pie fue sobre un boxeador: Jimmy y su discípulo El Ternero de las Pampas (querían ganar premios y dinero pero solo acumulaban derrotas), de González Fossat. Por entonces había de veras un boxeador llamado “El toro de las pampas”, que peleó un título mundial en los años veinte.

Jimmy y El Ternero fueron anteriores a Patoruzú. Dante Quinterno inventó a este indio tehuelche que aparecía en Crítica. Primero lo llamó Curugua-Curiguagüigua, nombre tan complicado que otro de sus personajes, Don Gil Contento, que lo apadrinaba, al recibirlo en la estación nomás, cambió por Patoruzú.

Grandes artistas fueron ilustradores. Antes de la televisión, la publicidad gráfica era el medio de difusión por excelencia. Tolouse Lautrec usó su talento inventando afiches para el Moulin Rouge ¡con planos de color!, que revolucionaron la impresión.

En Francia, la bande dessinée o neuvième-art despierta pasión. Editan 6.000 títulos anuales en formato de historieta. Toda persona culta le dedica un sector de su biblioteca. Entre nosotros, Daniel Divinsky publicará en Editorial de La Flor, en ese formato, Fahrenheit 451, de Ray Bradbury.

Hay una oportunidad de disfrutar de 200 años de dibujos en la Argentina –los almanaques de Molina Campos, las glamorosas chicas de Divito, las geniales caricaturas de Hermenegildo Sábat, los entrañables dibujos de Hugo Pratt y de Fontanarrosa– hasta el 8 de febrero, en el Museo Sívori. La exposición “Bicentenario: 200 años de humor gráfico”, organizada por Hugo Maradei, revaloriza la caricatura y el dibujo satírico como arte. Lo son.

Vinicius • Edición 12 (2009)

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