Paul Hobbs: Tras el Cabernet de 100 puntos Parker

Paul Hobbs: Tras el Cabernet de 100 puntos Parker

Paul Hobbs: Tras el Cabernet de 100 puntos Parker

Entrevistar a Paul Hobbs es siempre un privilegio. Entrevistarlo sentado en una pequeña terraza interna del Palacio Duhau ya es estar un poco más allá de lo que se puede desear. Pero que él, además, transmita la sensación de “tenemos todo el tiempo del mundo”, hace que todavía no esté muy convencido de que todo haya sucedido de verdad.

Hobbs es uno de los monstruos mundiales de la enología del Nuevo Mundo. En todos los reportajes recuerda que sus primerísimos pasos los dio de la mano de Robert Modavi, en su bodega de Napa Valley. Entonces, resolví no preguntarle nada sobre esto y me interesé por saber qué es un “especialista en roble”, que parece que fue la razón por la que terminó convocado.

Paul es una muestra de las virtudes que encierra el vino ya que nadie podría decir que tiene 57 años: es absolutamente espontáneo y para nada engolado. Ante mi pregunta se ríe con frescura y dice: “No hay especialistas en roble. Yo hice mi tesis en la universidad sobre el roble. Experimenté en base a las diferencias entre el roble francés y el americano. Quise entender el comportamiento del roble, ya sea de acuerdo a su edad, al tostado que le realizaron, y cómo todos estos factores actúan en presencia del vino. Mondavi leyó mi tesis y fue por esto que me contrató”.

En el mundo del vino se lo conoce como un hombre que goza de la simpatía de Robert Parker, el implacable dueño de la tabla de 100 puntos para calificar el vino. Hasta se sospechó, por la envidia, que esta proximidad hubiera podido ayudar a obtener los preciados 100 puntos en un asamblage de Cabernet y Malbec. Luego vendrían otros 99 puntos para un Viña Cobos Malbec 100%. Pero como todo el mundo ya sabe sobre esto, quise saber su opinión sobre los degustadores internacionales que en nuestro país pasan 48 horas probando y puntuando ¡200 vinos!. “Es difícil degustar 200 vinos en dos días. Yo no podría. Si ya estuvieran separados por calidades y solo tuviera que decir si me parece bien hecho o no, pudiera ser. Pero además puntuarlos uno por uno me parece sospechoso”.

Le recuerdo que Jancis Robinson dijo que le gustaría ver cómo envejecen los malbecs argentinos, y que Ricardo Santos opina que esperar que un vino envejezca para poder decir que está como recién hecho, con toda su fruta, es una tontería. Paul mueve su cabeza, duda un minuto: “Un buen vino, no importa de la cepa que sea, tiene que tener cierta capacidad de envejecimiento. Se tiene que poder seguir la forma en que evoluciona. Si bien no deja de ser cierto que si un vino tiene su plenitud a los 4 años, lo mejor es beberlo en ese momento”.

Hay rumores de que se lo ha visto paseando por la provincia de Mendoza, con una lupa en la mano. Me interrumpe y dice: “Es verdad, como Sherlock Holmes –y vuelve a reírse con ganas– y además tomo un poco de tierra, me lo llevo a la nariz y exclamo: ¡este es el lugar!”. Ahí nos reímos todos —aclaro que no habíamos tomado vino— y termina su idea: “La Cabernet es la reina de las uvas tintas y me he propuesto hacer un varietal argentino de esta uva que consiga los 100 puntos de Parker. Estoy convencido de que si hay un lugar fuera de Bordeaux para lograrlo, ese lugar está en Mendoza, y puede encontrarse en Luján de Cuyo o en Tupungato”.

 

 

 

 

“Argentina es un lugar con una imagen romántica. El tango, el polo, el fútbol, sus vinos. Cuando se compra un vino argentino en el exterior, está comprando esta experiencia”. Y sospecho que sabe de que habla porque tiene una empresa en los Estados Unidos que se dedica a importar vinos argentinos. Ese amor por la Argentina está probado sin rodeos: su mujer, secretaria de Tincho Bianchi, es argentina, sanrafaelina más precisamente, y es la madre de su hija, también argentina, educada en nuestro país, y que recién este año al cumplir 15, se ha ido a estudiar al país de su padre.

Volvemos al tema de la lupa y su búsqueda de terruños para su futuro Cabernet premiado. Le transmito la sensación que está cobrando fuerza de que en nuestro país se puede plantar viña en cualquier provincia. “Creo que la Argentina está bendecida, porque pienso que desde Salta hasta Río Negro se pueden plantar viñedos con éxito”.

¿Chile se tiene que dedicar a los vinos blancos y nosotros a los tintos? “Ciertamente no. Hay magníficos vinos tintos en Chile, como hay otro tanto en blancos en la Argentina. Hoy Chile se está volcando a la uva Carmenère en su búsqueda de vinos tintos, pero a mí me parece muy rústica”.

Le cuento que algunos periodistas, en su desesperada búsqueda de adjetivos para los vinos, ahora hablan de vinos “vegetales” o “minerales”. Mira con extrañeza a los que lo acompañan, vuelve a regalarnos esa risa joven y responde: “No sé, a mí ‘vegetal’ me suena a ensalada -carcajada general-, me gusta más hablar de un vino más o menos frutado. Y ‘mineral’ no es una característica que se pueda apreciar en la nariz. No hay olor ‘mineral’. Quizás, se refieran a una sensación que puede presentarse en el paladar. Eso es otra cosa”.

Para Paul las mujeres no son mejores que los hombres a la hora de degustar vinos, él piensa que lo describen mejor. Termino pidiéndole su opinión sobre un comentario que escuché alguna vez: “la Argentina es el país del Nuevo Mundo más parecido al Viejo Mundo”. Piensa un momento y exclama: “¡Es así! Es una gran definición. Muy cierta. Coincido totalmente con ella”.

Gracias, Paul Hobbs.

Vinicius • Edición 14 (2010)

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