Mario Sanzano: hermanado con su paisaje

Mario Sanzano: hermanado con su paisaje

Mario Sanzano: hermanado con su paisaje

“Un cuidadoso dibujo sostiene con f irmeza la libertad encomiable con que maneja sus pinceles, empleando colores que van desde los más luminosos hasta los recortados oscuros de los troncos de los árboles en la obra de este artista, tan positivo y tan sano como el clima que le ha tocado respirar”. Así apreció Rafael Squirru una exposición de Mario Sanzano en 2001. Esas palabras siguen siendo elogio de estos cuadros donde la estructura de las iglesias jesuíticas, las af irmaciones de la luz y las sombras azules sirven con lenguaje plástico a una de las mejores tareas de un hombre: pintar su pueblo.

Con rico colorido y grueso empaste Mario Sanzano continúa la mejor tradición del paisajismo en el Arte de los Argentinos, movimiento que fundara casi un siglo atrás, en las serranías cordobesas, Fernando Fader (1882-1935). En 1916, Fader se instaló, por recomendación médica, en Deán Funes, un pequeño pueblo del noroeste de Córdoba, el mismo en el que el 29 de agosto de 1960 nació Mario Sanzano.

 

 

La casa del pintor

 

 

El padre de Sanzano, pese a ser empleado ferroviario, se desempeñaba como Director de Cultura en la Municipalidad y el Teatro Vocacional del pueblo. Su tío Farruco era un pintor aficionado, que deslumbraba al joven Mario pintando con espátula en vez de usar pincel.

Cuando tenía diez años Mario cayó enfermo de hepatitis y debió permanecer dos meses en cama. Los pasó dibujando. Su primera pintura la hizo a los trece años con óleos que le regaló su tío. En esa obra aparece el frente de la casa familiar.

Decidida su vocación, Mario comenzó su etapa formativa. Recurrió entonces a Martín Santiago, único discípulo de Fader, que a los diecinueve años se instaló en Deán Funes para estudiar con el gran maestro del paisaje argentino. Sanzano era vecino de Martín Santiago, estudió con él quince años durante los cuales adquirió el oficio de pintor y el amor por el paisaje pintado a plein-air.

 

 

El artista Mario Sanzano

 

 

Su primera muestra la hizo en la Sociedad Rural de su ciudad natal, a fines de los setenta. En 1983 expuso en Córdoba capital, junto con su maestro y, unos años después, la Galería Francisco Vidal lo invitó a realizar una exposición individual.

A mediados de la década del noventa vino a Buenos Aires a probar suerte, con dos pinturas y un álbum de fotos de sus cuadros bajo el brazo. Poco después sus obras estaban colgadas en el hall central de un importante centro comercial.

En 1997 ganó uno de los premios adquisición del primer concurso internacional “Tango”, organizado por la Secretaría de Cultura de la Nación y por Zurbarán, con jurado popular, en el Palais de Glace.

 

 

Otoño

 

 

Poco tiempo después se incorporó al staff de artistas permanentes de Zurbarán, donde este año presenta su décima muestra.

Sanzano cuenta su génesis creativa con palabras sencillas: “Diariamente salgo a pintar, intento complementarme con la naturaleza, hermanarme con el paisaje, desafiar al tiempo y madurar. Amo pintar, pero más amo pintar al aire libre. Sentir el viento, el sol, los aromas, los sonidos como un mundo mágico al alcance de la mano. Creer que esa experiencia pueda quedar en una tela es maravilloso”.

Vinicius • Edición 11 (2009)

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