Mercedes-Benz 300 SL: Las alas de la gaviota

Mercedes-Benz 300 SL: Las alas de la gaviota

Mercedes-Benz 300 SL: Las alas de la gaviota

El sport más deseado de la industria alemana nació hace más de medio siglo como consecuencia del exitoso automóvil de carrera de la marca de la estrella de tres puntas.

Tras los años de posguerra, la desmembrada Alemania tenía prioridades que atender principalmente en la reconstrucción de sus ciudades y del aparato productivo. Con la ayuda de sus vencedores, a partir de 1946, comenzó lo que se llamó “el milagro alemán”. La Daimler (Mercedes- Benz), una de sus industrias emblemáticas como todas las de los países involucrados en el conflicto, restablecida la paz, inició una nueva etapa supliendo la escasez de vehículos utilitarios, con los que continuaban proyectos de los años ’30. El equipamiento básico fue la prioridad de la grandes industrias, no sólo de Alemania sino también de otros vencedores y vencidos como Italia, Francia, Inglaterra, Japón y aún los EE.UU.

En 1946, los aliados autorizaron a la Daimler a fabricar el muy básico Mercedes 170 (conocido como “hormiga negra”) al que se le fueron agregando, en el lustro siguiente, productos más evolucionados y, luego, algunos de lujo.

Por su parte, el automovilismo deportivo, siempre muy ligado a la industria automotriz, debió conformarse con el material que había quedado de los esplendores de los últimos años de paz. Por eso, no es de extrañar que Mercedes-Benz, que había sido uno de los dominadores del deporte motor con ases al volante como los germanos Manfred von Brauchitsch, Rudolf Caracciola y Herman Lang y el italiano Luigi Fagioli y el británico Dick Seaman, resolviera volver a las competencias recién en 1952.

 

 

 

 

Entrando en carrera

La fábrica decidió que aún no era el momento para ingresar a la recién nacida Fórmula 1, la continuadora de la Grand Prix que había enfrentado, antes de la guerra, a la marca de la estrella con Auto Union y, en menor grado, con Alfa Romeo. Se decidió incursionar en la de los Sport y para ello se desarrolló una pequeña serie de prototipos. Ellos fueron los MB 300 SL (Sport Liviano), de características y performances singulares que, en 1952, obtuvieron resultados sorprendentes. En su debut, con el pilotaje de Hermann, Caracciola y Karl Kling, uno de los autos fue segundo, a poco del Ferrari ganador en las Mil Millas y, en la siguiente, el GP de Suiza logró un impresionante “uno-dos-tres”. Pero lo mejor vino con las 24 Horas de Le Mans, carrera que siempre se le había negado a los Mercedes. Esta vez fue el triunfo del 300 SL de Lang y Fritz Riess, con llamativo dominio. La seguidilla victoriosa prosiguió con un podio completo en Nürburgring, y la aceituna del Martini se puso en México, con el 1-2 de Kling y del americano John Finch, en los 3.300 km de la Carrera Panamericana, puntable para el campeonato mundial de autos sport.

 

 

 

 

En 1954, originado en ese auto de carrera y a la inversa de lo habitual, se producía en serie el vehículo de calle que ocuparía uno de los pináculos en la historia de más de un siglo de la industria automotriz mundial: el Mercedes-Benz “Alas de Gaviota” (Gull Wings). La iniciativa del lanzamiento no había partido de la fábrica sino del representante comercial en los Estados Unidos, Max Hoffman, que después de aquel espaldarazo en México se había comprometido a vender —por lo menos— un millar de ejemplares. Se logró vender esa cantidad y, si se tiene en cuenta el modelo 300 SL Roadster (con puertas convencionales) que continuó la saga hasta 1963, el total llegó a 3.250 unidades vendidas.

El 300 SL debía su sobrenombre a la particular disposición de las puertas, que se levantaban verticalmente sobre el techo fijo, dándole el aspecto de un ave en vuelo. Esa solución se había adoptado, como único recurso posible, para facilitar el ingreso a un cockpit en que las butacas se ubicaban muy bajas debido al tipo de chasis utilizado, que era una maraña de caños de acero muy finos, en lo que se conoce técnicamente como reticulado multitubular.

 

 

 

 

El aluminio de la carrocería racing se había reemplazado por acero. Con esto y con la incorporación de elementos de confort, el peso del vehículo de serie había subido en unos 350 kg, lo que se compensó con una mayor potencia del motor de seis cilindros en línea, (3 litros para 215 HP a 5.800 rpm) de alimentación aspirada por inyección directa de tipo mecánico. De acuerdo con la relación que tuviera de diferencial, podía desarrollar hasta 265 km/h, una velocidad de punta descomunal medio siglo atrás. De detenido a 100 km/h aceleraba en menos de siete segundos.

El Alas de Gaviota era caro. Muy, pero muy caro. Y las muchas unidades que perduran por todo el mundo, lo son mucho más. Y siguen mostrando las avanzadas líneas que convirtieron a este automóvil excepcional en un ícono universal. Las fotos de esta verdadera leyenda hablan de su belleza,  Los coleccionistas —en nuestro país hay dos o tres ejemplares en muy buen estado— lo atesoran como lo que es: un paradigma de la excelencia.

 

Vinicius • Edición 14 (2010)

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