Travesía fluvial al centro religioso de Laos

Travesía fluvial al centro religioso de Laos

Travesía fluvial al centro religioso de Laos

Postales montañosas, embarcaciones y pequeñas aldeas se suceden a lo largo del río Mekong camino a Luang Prabang, una ciudad con paisajes de ensueño y uno de los templos más hermosos de Asia.

Aún no había amanecido en Chiang Rai, una ciudad al norte de Tailandia. Desde allí, a las 6 de la mañana, salía un pequeño bus hacia la frontera con Laos. El sol comenzaba a asomar iluminando el camino y el paisaje. Pasadas unas dos horas de viaje, previo a su destino de Chiang Khong, el bus se detuvo. Quienes nos dirigíamos a la ciudad fronteriza debíamos descender. Al costado de la ruta, un ejército de tuk tuks (motocicletas de tres ruedas que funcionan como taxis) aguardaba por nosotros.

Luego de pasar migraciones, otro bus nos cruzó por un gran puente al país vecino.

Ya en tierra laosiana, nuevamente migraciones, visado y otro tuk tuk hasta el pequeño embarcadero de Huay Xai a orillas del río. Si bien para llegar a Luang Prabang son varios los medios de transporte disponibles —incluido el aéreo—, muchos viajeros eligen el fluvial para vivir la gran aventura de navegar dos días en el slow boat (una embarcación colectiva de marcha lenta) por el río más importante de Asia.

El slow boat es el medio de transporte elegido por cientos de viajeros y aventureros que eligen este trayecto para adentrarse en el recorrido del río más importante de Asia.

 

El recorrido por el río Mekong desde Huay Xai hasta Luang Prabang se divide en dos tramos. El primer día, luego de unas siete horas de navegación, se llega al pequeño pueblito de Pakbeng que funciona casi exclusivamente para el turismo que realiza esa parada intermedia. Allí se pasa la noche y, a la mañana siguiente, aguardan otras siete horas hasta llegar a destino.

Si bien para muchos el trayecto puede resultar un tanto monótono y agotador, brinda la posibilidad de disfrutar de una experiencia única: contemplar los verdes paisajes montañosos, embarcaciones que pasan, pequeñas aldeas y su gente. Este gran río es el octavo más largo del mundo, nace en la meseta tibetana y atraviesa seis países hasta el mar de la China Meridional.

 

Vista de la ciudad y del río Nam Khan desde el Monte Phousi.

 

Caía la tarde y el sol se iba por detrás de las montañas, cuando el slow boat llegó a la ciudad. Los tuk tuks aguardaban en cada puerto y esquina, una imagen repetida que forma parte de este maravilloso viaje. Situada al norte de Laos, Luang Prabang es el principal centro religioso del país. Declarada Patrimonio de la Humanidad por UNESCO, fue capital de Laos hasta 1545. Luego, se trasladó a la actual Vientián. Sus calles y su arquitectura lucen un estilo único debido a su propia impronta laosiana y a la influencia de la colonia francesa que también dejó su marca en la gastronomía. La rodean los ríos Mekong y Nam Khan que le otorgan un clima y paisajes de ensueño, ideales para caminar y disfrutar entre montañas, palmeras y vegetación tropical. Cuenta con una gran cantidad de templos para visitar y ofrece uno de los atardeceres más concurridos, en el Monte sagrado Phousi.

 

La influencia de la colonia francesa es notoria en la arquitectura de la ciudad. Sobre la calle, un tuk-tuk y un songthaew, los medios de transporte más utilizados para moverse por la ciudad, en distancias cortas y largas.

 

Entre los principales atractivos, se encuentra Vat Xieng Thong, el templo más interesante de la ciudad. Se trata de un área compuesta por varios edificios con techos y tejados solapados. Está repleto de ornamentos tallados y dorados que deslumbran por fuera y por dentro, y es considerado uno de los más hermosos de Asia. En el centro de la ciudad es posible visitar el Museo Nacional, que antiguamente era el Palacio Real. Una maravilla arquitectónica que se puede admirar durante horas.

 

Vat Xieng Thong, el templo más importante de Luang Prabang.

 

Frente al Museo, cruzando el Mercado Central —donde se venden desde prendas y artesanías hasta bebidas con reptiles—, está el acceso al Monte Phousi. Desde la gran pagoda de su cima, se contempla toda la ciudad. La mayor concurrencia es al atardecer cuando el sol se oculta entre las montañas del Mekong.

 

En la calle principal comienza a armarse el Mercado Central. Detrás, el Museo Nacional, anteriormente Palacio Real.

 

También son imperdibles las hermosas cascadas en los alrededores de la ciudad. En una pequeña barca desde una lejana orilla del Nam Kham se llega a Tad Sae Waterfall. Con pequeños saltos, cascadas y piletones, esta maravilla escondida en la selva fue la anfitriona de una gran tarde, especial para zambullirse en sus aguas.

 

El atardecer sobre el río Mekong, un gran atractivo del Monte Phousi.

 

Para mi último día, Luang Prabang tenía un regalo especial que esperaba al otro lado del río. A través de un puente de bambú se accede al rincón más autóctono de esta ciudad, la pequeña villa de artesanos Ban Xang Khong. Allí, además de otros templos, pude ver la elaboración de papel artesanal con la corteza de la morera —árbol conocido localmente como Saa—, el proceso del hilo de seda desde los capullos y sus telares artesanales.

 

Shablones con papel artesanal elaborados en Ban Xang Khong.

 

Todo el pueblito irradiaba belleza; por sus calles de tierra se observaba la sencillez y humildad de las viviendas y sus habitantes. Al caer la tarde, emprendí mi regreso al hostel. En el camino, una señora que elaboraba rolls de vegetales y su hija me invitaron a sentarme con ellas. Una mesa bajo un gran techo de madera a la calle, con la generosidad de dos lugareñas fue la mejor despedida del lugar. Calidez humana, entre especias y utensilios de cocina.

 

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