Almuerzo de Epicúreos: Edición 46

Almuerzo de Epicúreos: Edición 46

Almuerzo de Epicúreos: Edición 46

Algo pasa que todas las personas con las que uno habla se asombran de que hemos llegado a otro fin de año. Ese fluir inexorable del tiempo que solo reconoce cierta lentitud en la infancia pero luego se transforma en una suerte de frenesí que hace que sintamos que cuando todavía no terminan las secuelas de los festejos del Año Nuevo, ya nos vemos organizando la comida de Navidad del siguiente año.

Pero, como la vida continúa, Carlos Mantovani convocó a epicúreos reconocidos para el almuerzo del cierre del 2017 en uno de los coquetos salones del tradicional Club Francés. Rodearon la mesa el abogado Carlos Prim; Guillermo Stegmann, presidente del Hotel Club Francés; José Frogone, ingeniero agrónomo y analista de mercados de granos; Luis Corsiglia, avezado agente de bolsa; Andrés Cisneros, 9 años vicecanciller de la Argentina; Augusto Lavalle Cobo, cardiólogo;  Dulio Pierre, artista y el infaltable Carlos Pinasco, autodefinido como art consultant.

¿Cómo decirlo sin incomodar? Mantovani tuvo que conducir la mesa como un domador de leones con silla y látigo en la mano, porque varios de los comensales no cesaban de revelarse como especialistas en temas que se relacionan con catástrofes submarinas. Fue asombroso el grado de precisión que mostraron algunos en describir el comportamiento de la tripulación del ARA San Juan ante el inminente desastre. Los menos nos mirábamos preguntándonos: ¿cómo han hecho estas personas para disponer de tal nivel de información precisa? En fin, en el fondo nada puede sorprender en el país de 40 millones de ministros de economía o de directores técnicos de la selección nacional de fútbol…

Cisneros fue de los pocos en eludir la catástrofe náutica y darle una vuelta de tuerca al tema de la necesidad de la existencia de una Marina de Guerra compartiendo una información que casi nadie conocía en la mesa: el nivel de depredación de nuestro mar territorial es tal que lo que se roba de pescado representa una cifra equivalente a 1/3 de nuestras exportaciones de soja. Y remató: “Va al exterior más cantidad de toneladas de pescado que lo que se exporta de carne argentina”.

Pinasco reveló un momento de su pasado que sorprendió a los que lo conocemos como hombre del arte: “Allá por 1985 fui vicepresidente de la Junta Nacional de Granos y me tocó manejar el episodio de la explosión de uno de los elevadores de granos en Bahía Blanca”. Alguien de la mesa le preguntó porqué puede explotar una construcción de este tipo, a lo que Pinasco respondió que los motivos podían ser múltiples: “por ejemplo un día me invitaron a comer un asado que se realizaba en la cima de un elevador. Casi me muero cuando me enteré que el polvillo de los granos que flota en los elevadores es altamente explosivo en contacto con el fuego”. No pocos celebramos que el azar haya jugado a su favor en esa oportunidad.

Frogone abandonó su preocupación por el agua de mar y pasó al tema del agua de lluvia y la producción granelera con igual solvencia, siendo que es uno de los hombres que más conocen de ese mercado, comentó que la situación del sector  es compleja desde el punto de vista climático porque pasamos de inundaciones y aperturas de canales a una situación de escasez que está demorando las siembras. Otro de los infortunios que aquejan a nuestro sector agrícola.

Nuestro agrónomo abundó en datos inquietantes sobre nuestros granos. Nos dijo que otro de los problemas son los precios ya que los valores internacionales no son los que vimos un par de años atrás, sino que retrocedieron a niveles históricos que, sumados al atraso cambiario y al mantenimiento de las retenciones en la soja,  han achicado mucho la rentabilidad del sector. No obstante, Frogone dixit, los productores no bajan los brazos y siguen viendo el futuro con optimismo.

Fueron interesantes las reflexiones de Luis Corsiglia acerca de revalorizar la actividad de especular. Contó que en un acta de 1933, la SEC (Comisión de Valores)  hablaba de factores como la codicia, la esperanza y el miedo, como drivers de las decisiones bursátiles. La figura implícita en esta descripción era la de un jugador y no la de un inversor. “Por eso hoy hablamos de rentabilidad, expectativas y cobertura de riesgo”, remató. Uno de los comensales recordó que quizás el origen de la mala fama fuera que el común de la gente llama “jugar a la Bolsa” al invertir en títulos y acciones.

Duilio Pierri, gran Premio de Honor de Pintura del Salón Nacional, Primer Premio del Salón Belgrano, Premio Fundación Fortabat, con exposiciones en la Argentina e internacionales a lo largo de varias décadas, terció largamente en temas internacionales con su vecino de mesa el ex vicecanciller Cisneros. Siguiendo una vieja costumbre de los almuerzos de Epicúreos, llevó un block y colores para trabajar en la mesa, pero el arte quedó en el olvido. Su dispersión lo llevó al límite de recordar que está casado con una ciudadana norteamericana descendiente de la tribu cherokee de ese país.

¿Nativos dijeron? Allí apareció Carlos Prim y recordó que es complicado el tema que se plantea en la Patagonia con la etnia mapuche debido a un entrevero jurisdiccional, a la que aportaron distintos organismos de seguridad  al intervenir bajo órdenes judiciales y sin ellas. Agregó: “estamos legislando por decreto el accionar de fuerzas federales prescindiéndose de órdenes judiciales que lo ameriten”. Finalmente deslizó su sospecha de que alguien desde el costado político pudiera estar inventando un enemigo.

Allí reapareció nuestro diplomático sugiriendo que estos conflictos se deben resolver dentro de las mismas comunidades. Puso como ejemplo lo que pasa con el denominado terrorismo islámico: Cisneros propone que lo condenen los propios islamitas.Pierri demostró manejar con solvencia la historia bíblica: “Todo esto comienza cuando Abraham aparta de su tribu a Ismael, el hijo que tuvo con su esclava, del que descienden los árabes”.

Mantovani seguía en su denodada lucha para que algunos invitados retomaran los temas en que son reconocidos expertos. Así que miró a Pinasco y le preguntó su opinión  por el precio que se había pagado por la pretendida obra de Leonardo da Vinci. Y afloró el hombre del arte: “El pago de ‘Salvator Mundi’  450 millones de dólares sorprendió a todos. Soy escéptico en la atribución  al observar que  la bola de cristal que el Redentor tiene en la mano no distorsiona, como debiera, lo que aparece detrás, lo cual es poco explicable en Leonardo que conocía a la perfección las leyes de la óptica”. De cualquier manera, acotó: “se non e vero hoy por hoy lo importante es el precio. Sea del Maestro, del taller, o de los múltiples restauradores que le metieron mano, la obra queda consagrada como la más cara de la historia y ahí está la noticia”.

Lavalle Cobo salió de su silencio para recordarnos que es especialista en el tratamiento de factores de riesgo cardiovascular, especialmente lo relacionado a alteraciones en lípidos. Algunos lo reconocieron como el responsable de que Mantovani siguiera presidiendo estas mesas. Los que padecemos estas penurias escuchamos esperanzados: “En lo que respecta al tratamiento del colesterol actualmente disponemos de dos nuevas drogas que están prontas a comercializarse en nuestro país que van a permitir una reducción en el número de infartos y eventos vasculares en pacientes de alto riesgo cardiovascular, se llaman evolocumab y alirocumab, y estimo que estarán aprobadas para comercializarse en Argentina en marzo porque ya se comercializan en Estados Unidos y gran parte de Europa”.

El mediodía había quedado atrás, la tarde ya estaba avanzada, Stegmann no ocultaba la satisfacción de que fuera en su casa donde se hubiera producido un intercambio intelectual de semejante nivel y Carlos Mantovani lanzó un “tutto è finito” cual Violetta en La Traviata de Verdi, dando por terminado el condumio. Varios de los invitados demostraron las ganas de reencontrarse al materializar un activo intercambio de tarjetas. El último almuerzo de Epicúreos del año había llegado a su final.

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