Dom Pérignon: El Poder de la Creación

Dom Pérignon: El Poder de la Creación

Dom Pérignon: El Poder de la Creación

La creación de Dom Pérignon se centra en su absoluta dedicación a los vinos de añada y son, exclusivamente, de tan solo un año.

En una búsqueda constante por encontrarse a sí mismo, Dom Pérignon aspira a que cada una de sus añadas tenga también el potencial de transformarse poco a poco.

Aparentemente, en el largo camino que lleva su maduración -aún en la oscuridad de la bodega-, el vino atraviesa una metamorfosis, se magnifica y mantiene su promesa original, pero también, expresa una nueva interpretación de los códigos clásicos.

Cada evolución contribuye a la hermosa singularidad de Dom Pérignon. Estos privilegiados momentos de sucesión son llamados “Plenitudes”, momentos donde el vino habla más alto y más claro. Ese “Poder de la Creación” de Dom Pérignon se reafirma de una Plenitud a la siguiente, creciendo en el interior de las bodegas una intrigante dramaturgia con discreta perfección.

La experiencia de la Segunda Plenitud de Dom Pérignon se proyecta dentro de un universo de alta definición, intenso y penetrante. La energía de Dom Pérignon denota así un arte de vivir orientado hacia el futuro, un lujo personal más libre y más íntimo. Sin restricciones, la experiencia es atemporal, sobre lo esencial del vino y la esencia de Dom Pérignon, sugiriendo un territorio a curvas de acero, modernas, vivificantes.

Esta faceta inédita de la marca pone de relieve el vanguardismo de Dom Pérignon. El vino, creado dieciséis años antes, proyecta su futuro en la Segunda Plenitud, una reclamación con su cuota de sorpresas. Hoy en día Dom Pérignon en su Segunda Plenitud aporta singularmente el tempo, el paso de un momento.

Purificado y drástico, la exploración de Dom Pérignon a través de las Plenitudes se vive en el lujo de la discreción, el mantra absoluto de conveniencia.

 

 

Las tres Plenitudes de Dom Pérignon

La Primera Plenitud se revela después de al menos ocho años de elaboración, en función de la cosecha. El vino encarna, entonces, el ideal de equilibrio perfecto de Dom Pérignon, su mayor promesa. Es Dom Pérignon Vintage, la Plenitud de la armonía.

La Segunda Plenitud es el resultado de dieciséis años de elaboración en las bodegas. Un tiempo de maduración suplementario en contacto con las lías (depósito formado por las levaduras, resultante de la fermentación en la botella), bajo una atención permanente. En esta ventana de expresión, el vino convierte en majestuosa la intensidad de Dom Pérignon. Aquí es cuando expresa su envergadura, su expansión. Es Dom Pérignon P2, la Plenitud de la energía.

La Tercera Plenitud viene después de un mínimo de veinticinco años de elaboración. El vino encarna ahora otra dimensión donde su esencia entra en lo desconocido. Esta es la Plenitud de la complejidad.

Atravesadas las tres metamorfosis, la singularidad de Dom Pérignon es casi completamente revelada y alcanzada.

Tal proceso no puede existir en ninguna otra parte. Este es el “Poder de la Creación” propio de Dom Pérignon.

 

 

Dom Pérignon P2, la explosión de la energía

Al igual que cualquier creación de alta tecnología, este vino entraña una gran complicación y sólo se puede revelar bajo el signo de la alta definición.

El momentum de Dom Pérignon P2 es aún más fuerte gracias a su estética oscura, elegante y poderosa. Su botella de tonalidades sobrias y refinadas, así como su estuche minimalista de aluminio cepillado, en mate oscuro, parece haber sido creado casi para encerrar temporalmente la energía del vino.

Dom Pérignon P2 es la recompensa por este intenso dominio por el vino. Despliega un universo de “vibratos” de una densidad excepcional y aérea. Hace de su degustación una experiencia memorable, abundante en sensaciones intensas y penetrantes, de emociones brillantes de frescura.

Aparece un nuevo lujo de singularidad. Gusta de la energía de las experiencias totales, la desorientación de las sensaciones inesperadas, la perfección de los gestos audaces, la pulsación del que llega sólo una vez. Dom Pérignon P2 pertenece a esta matriz elegante, la de la vanguardia.

 

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