La Copa América: barcos que vuelan

La Copa América: barcos que vuelan

La Copa América: barcos que vuelan

En la Bahía de Hamilton de las paradisíacas islas Bermudas, en medio del océano Atlántico, se disputó la XXXV edición del torneo más importante de yachting mundial. Seis países se batieron a duelo para quedarse con el trofeo más codiciado.

En 1851, con motivo de la celebración en Londres de la Primera Exposición Universal, se programó una regata denominada Queen’s Cup, cuyo ganador recibió un aguamanil de plata valorado en cien guineas de oro. El recorrido consistió en una vuelta alrededor de la Isla de Wight. Miembros del Club de Yates de Nueva York a bordo de la goleta América se enfrentaron y vencieron a 14 barcos del Real Escuadrón de Yates de Londres. Una anécdota muy famosa relata que la reina Victoria preguntó en un momento de la regata: “¿Quién va primero?”. A lo que le contestaron: “La América, Majestad”. “¿Y segundo?”, inquirió la reina. “Majestad, ¡no hay segundo!”, fue la respuesta. El trofeo se donó para fomentar la competición entre naciones y desde entonces pasó a denominarse Copa América.

En 1870 se celebró la primera defensa del trofeo en Nueva York y los yankees retuvieron el trofeo, resultado que se repitió hasta 1983, cuando el Australia II se impuso luego de 132 años de hegemonía americana. En 1970, por primera vez varios retadores compitieron entre ellos para dirimir quién se enfrentaría al defensor. En 2000, los italianos con el Luna Rossa, un diseño de nuestro compatriota Germán Frers, llegaron a la final.

La Copa América siempre fue un concurso de diseño e ingeniería, así como una competencia de vela. Los diseños se fueron modificando continuamente desde la época de las goletas pero en los últimos años el proceso fue revolucionario. Obviamente estos avances tecnológicos significan un mejor desempeño de los barcos. Así, mientras entre 1851 y 2007 la velocidad máxima aumentó de alrededor de 12 a 18 nudos, desde 2007, la velocidad aumentó de 18 nudos a más de cincuenta.

 

 

 

Hoy los monocascos fueron reemplazados por barcos de dos cascos llamados catamaranes, de 15 metros de eslora —casi 50 pies— por 8,47 de manga equipados con una vela rígida (wingsail). Sin embargo, la innovación más revolucionaria es la incorporación de hidroalas (foils), una tecnología hidrodinámica que les permite volar por encima del agua. A medida que ganan velocidad, las embarcaciones se montan sobre estas aletas de fibra de carbono, en forma de L, que se instalan por debajo de cada uno de los cascos reduciendo al mínimo la fricción. Así logran alcanzar los 50 nudos de velocidad (más de 90 km/h) y triplicar la velocidad del viento que los impulsa.

La tripulación de estos barcos está compuesta por un timonel/patrón, un trimmer que controla la vela rígida y cuatro grinders que generan la energía necesaria para mover todos los elementos de abordo (ala, foils y timones). En esta tarea el barco neozelandés finalista de esta edición presentó otra innovación que permite a los tripulantes aprovechar el esfuerzo de piernas mediante pedales.

Durante las primeras dos semanas de la 35.° edición de esta competencia, se enfrentaron las tripulaciones de Inglaterra (Land Rover BAR), Suecia (Artemis), Francia (Groupama), Japón (Soft Bank) y Nueva Zelanda (Emirates) para ver quién sería el challenger contra el defender Estados Unidos (Oracle).

Nueva Zelanda logró un cómodo triunfo en la semifinal contra Inglaterra y posteriormente se impuso con holgura al barco sueco para ser el retador. En la final los Kiwis, con mejor tecnología en su barco, lograron imponerse en 8 regatas frente a su contrincante. El equipo timoneado por Peter Burling se coronó campeón de la XXXV America’s Cup, impidiendo que los americanos lograran una tercera victoria consecutiva.

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