Sukhothai, la edad dorada de Tailandia

Sukhothai, la edad dorada de Tailandia

Sukhothai, la edad dorada de Tailandia

Declarado Patrimonio de la Humanidad por UNESCO, este parque histórico es una joya arqueológica que alberga los tesoros y las ruinas de lo que una vez fue un gran imperio. Un recorrido por templos milenarios entre lagos, estanques y jardines.

 

Luego de recorrer varias ventanillas en busca de la empresa de ómnibus correcta, conseguí mi ticket. El bus partió desde la terminal Mo Chit, dejando atrás Bangkok, la gran capital del sudeste asiático. El próximo destino era otra gran capital, pero de otro tiempo. Situada en el centro de Tailandia, la ciudad de Sukhothai es un destino que muchos viajeros pasan por alto, quizás por cuestión de tiempo, por desconocimiento o porque solo se interesan en las paradisíacas playas y en los templos más reconocidos. Sin embargo, es un lugar maravilloso para quienes llegan hasta allí.

 

Estupas y torres del casco central de Wat Mahathat, el templo más importante de Sukhothai.

 

Las casi siete horas del trayecto entre Bangkok y Sukhothai fueron como un flashback de imágenes. La vegetación, los cultivos, las viviendas, el mobiliario urbano, la gente, el entusiasmo de adentrarme de a poco en las entrañas de ese hermoso país, disfrutar y descubrir sus paisajes como postales únicas.

 

La ciudad está dividida en dos: la Nueva Sukhothai y la ciudad histórica de Sukhothai. La primera es más urbana y pequeña, con comercios, bancos, templos, escuelas y hospedajes. Allí me quedé, como muchos viajeros. La segunda es la más visitada por su atractivo casco histórico y el parque con sus ruinas a 12 kilómetros de distancia.

 

Wat Mahathat (Templo de la Gran Reliquia), el templo más importante y el más grande dentro del parque.

 

Ingresar y recorrer el Parque Histórico Sukhothai es un viaje directo al pasado de Tailandia. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, fue la primera capital de un gran imperio: El Reino de Sukhothai, que duró hasta mediados del siglo XIV. Uno de sus tantos reyes fue el creador del alfabeto tailandés y estableció el budismo theravada como religión oficial del reino.

 

Recién llegado desde la Ciudad Nueva en un pequeño bus local, descendí en una de las entradas al parque. Allí la mejor opción es alquilar una bicicleta. La inmensidad del parque y sus alrededores lo requieren. Son muchos los templos a recorrer dentro y fuera del parque, por lo que hay que concentrarse en los más recomendados.

 

Estupas, Buda sentado y Buda caminando de Wat Sa Si, uno de los templos más bonitos del parque. Conectado con puentes, en medio de un inmenso espejo de agua con de flores de loto.

 

Una vez atravesada la fosa de lo que fuera la antigua muralla, la energía del lugar me recorrió por completo. Entre tanta inmensidad, calles, arboledas, cuidados jardines, estanques y lagos con flores de loto, se vislumbraban los templos en ruinas. Allí, detenido, observé que asomaba entre unas derruidas columnas la figura de un Buda. Mapa en mano, miré el nombre de los templos y hacia allí me dirigí.

 

Wat Mahathat es el templo más importante y el más grande dentro del parque. Un área con pequeños senderos, canteros, estanques con flores de loto, estructuras de ladrillos, columnas e imágenes de Buda. Su planta central es una plataforma alargada con columnas y su cabecera posee una torre o estupa mayor rodeada de ocho estupas. A sus laterales, sobrevivientes al tiempo, dos Budas gigantes de pie a cada lado, los cuales solo pueden verse ahí, ya que son exclusivos de Sukhothai.

 

Adornos florales en el Monumento al rey Ram Khamhaeng.

 

Un enorme lago y unos estanques atraían mi atención en el pedaleo. Con las flores de loto a puro esplendor, cada rincón se presentaba como un escenario único. De fondo, rodeado de agua, estaba Wat Sa Si. Para llegar a este templo hay que atravesar un puente de madera sobre el lago. La figura de un Buda estilizado caminando me dio la bienvenida. Detrás, frente a la enorme estupa, pude contemplar un gran Buda sentado.

 

Dada la cercanía, seguí hacia el monumento al rey Ram Khamhaeng. Aquí vale aclarar algo: Tailandia, tras el reciente fallecimiento de su rey, tiene un luto de un año por lo que se pueden ver actos, ferias, homenajes y decoraciones por todo el país. Un momento histórico único para quien la visita. Y, justamente, el monumento a uno de sus principales reyes de su nación estaba completamente adornado de flores. El motivo, un gran acto a realizarse esa misma noche.

 

Las 3 torres de estilo khemer de Wat Si Sawai, similares a Angkor Wat son un gran atractivo.

 

Las ruedas de la bici seguían rodando. Ya entrada la tarde, luego de un almuerzo thai en la feria del parque, le llegó el turno a Wat Si Sawai, el hermoso templo de notoria influencia Khmer e hindú que se asimila al de Angkor Wat (Camboya). Es una de las construcciones más antiguas de Sukhothai. En sus inicios era un templo hinduista. Sus tres pequeñas torres o columnas (prangs), representan las deidades hinduístas; Brahma, Shiva y Vishnu. Quedaba por recorrer las afueras del parque. Rumbo al norte, cerca de la salida, me topé con una maravilla que no tenía en vista, Wat Sorasak. Una estupa en forma de campana con figuras de elefantes que sobresalen de su base.

 

La enorme estupa de Wat Sorasak y su gran base con 24 elefantes que sobresalen.

 

Fuera de las murallas de la ciudad histórica, esperaba Wat Phra Phai Luang, otro de los templos más grandes e importantes de Sukhothai. Construido en el siglo XII, durante el reinado de Jayavarman VII, por el rey khmer que levantó también Angkor Thom. De origen hindú, con el tiempo pasó a ser templo budista. Si bien lo que queda de su estructura son ruinas completas y figuras de Budas decapitados, verlo es maravilloso.

 

Comenzaba a atardecer y había que regresar. Los templos iban tomando otros tonos. Sus figuras jugaban entre luces y sombras. Allí frené, a un costado del camino previo a la gran muralla. Dejé mi bici y, sentado sobre el césped con esa postal, saqué de la mochila el mate, mi compañero inseparable. Momento de relax, meditación y goce.

 

Restos de un Buda en Wat Phra Phai Luang.

 

Ya de vuelta en el perímetro del parque, llegó la hora de la gran celebración por el rey. Debía devolver la bicicleta y quedarme tranquilo en los festejos. El show y los actos continuaron hasta la noche, con presencia de elefantes. Se contaba la historia de Sukhothai. Solo quedaba volver, pero no había más buses hacia la Nueva Ciudad. Mientras preguntaba a un grupo de hombres y mujeres sentados en la mesa de una casa de masajes, apareció un pequeño micro, enviado por alguna deidad, que iba hacia la terminal de ómnibus. Luego, desde allí, no tuve otra opción que caminar los casi dos kilómetros hacia mi hospedaje. Solo, por la nocturna y desolada Sukhothai en la que solamente quedaban las luces de los postes de la calle y carros de comida tapados con toldos sobre las veredas de los locales. Una postal solitaria y única, como las maravillosas ruinas.

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