En el corazón de las Pampas

En el corazón de las Pampas

En el corazón de las Pampas

Un paseo por Las Víboras, histórico reducto en el que vivió don Juan Manuel de Rosas, en el actual partido de Tordillo a 250 km de Buenos Aires, hoy transformado en una estancia de lujo, es una propuesta imperdible para los amantes del turismo rural.

A poco más de 250 km de la ciudad de Buenos Aires se erige Las Víboras, una estancia de época que se encuentra en la reserva natural de la Bahía de Samborombón. Sus 9000 há de extensión y su casco histórico la convierten en una de las estancias de mayor prestigio e importancia del país. A su vez, se le reconoce un papel preponderante en la historia de la Argentina por haber sido el lugar de encuentro donde se firmó el primer tratado de paz en el país.

Cuenta la leyenda que esta región debe su nombre a un caballo salvaje de pelaje tordillo que habitaba en la zona y que nunca pudo ser atrapado por los lugareños. Estas llanuras, ubicadas al sur del río Salado, eran dominio de los indios hasta que, en el año 1740, se instalaron los jesuitas y, a fin de extender la civilización, efectuaron la conversión de los nativos. Más tarde, gobernantes y hacendados descubrieron en esas tierras un promisorio futuro de explotación, y fue así como en el año 1814, llegaron los primeros pobladores de la zona, entre ellos, el histórico gobernador de la provincia de Buenos Aires, don Juan Manuel de Rosas, quien vivió en el casco de la estancia y se dice que construyó varios puestos en estos dominios para refugiarse de sus opositores unitarios y, a su vez, preparar a sus tropas para los combates.

Por tradición oral, escuchada en esos pagos hasta hoy, se comenta que el Viejo Vizcacha (personaje del poema gauchesco Martín Fierro, de José Hernández, que narra el espíritu heroico y liberado del gaucho) vivió durante muchos años en un paraje que se encuentra ubicado en Las Víboras.

“Este lugar nació de nuestra pasión por la pampa, sus infinitas llanuras y sus caballos. Aquí el viajero puede escapar por impresionantes geografías y conocer de cerca la cultura, la historia y el arte de la Argentina, así como también su gastronomía y costumbres”, explican Sandy y Giga Dodero, propietarias de Las Víboras.

 

El estilo de la casa tiene una alta influencia de arquitectura rioplatense; la fachada lavada, los ventanales grandes y las galerías reflejan un estilo criollo. Hay un neoclasicismo tipo italiano en las molduras. La estructura de la casa se compone de dos alas: la más antigua y original fue construida aproximadamente en 1820, y la otra es la parte nueva de la casa, proyectada en el año 1947.

El casco cuenta con ocho habitaciones, la mayoría en suite y con chimenea, extendiéndose por un total de 900 m2. La vista del comedor de la casa se hunde en un imponente parque cercado por arboledas de álamos carolinos y casuarinas, que luego se tornan en un bosque en forma de herradura y terminan circundando parte del tajamar. A 100 m de la casa, una pileta de agua salada se despliega ante la mirada de los huéspedes.

Los cangrejales, los pequeños bosques de tala y los pastizales que aún conserva esta zona dan refugio y alimento a numerosas especies de animales, entre los que se destaca el ciervo de las pampas. Durante la estadía, el viajero puede ver manadas de estos ejemplares, avestruces, carpinchos, liebres y zorros grises, así como diferentes tipos de roedores, nutrias y mulitas. Del lado de la costa, viven en grandes manadas chanchos salvajes y venados de las pampas, y existen en la zona más de 80 especies de pájaros y patos.

Un lugar en el mundo
Las Víboras ofrece excursiones en canoa por el arroyo para descubrir las diferentes especies de pájaros, patos y animales de agua que existen en esta región. Quienes deseen conocer los trabajos de campo tendrán la oportunidad de acompañar al gaucho argentino en las tareas rurales que lo caracterizan. De este modo, podrán observar y participar en una gran variedad de actividades y costumbres campestres. La estancia cuenta con instalaciones para trabajo de ganado vacuno, equino y ovino.

Se realizan tareas en la manga, sitio en el que se ordena la hacienda para su control (colocado de caravanas, vacunación, destete, tacto, etc.), según la época del año.

Los amantes de los equinos también pueden participar de la doma “india y racional” de los potrillos que algún día jugarán al polo. La actividad principal aquí son las cabalgatas. Los caballos son criollos o mestizos, y se ajustan perfectamente a los diferentes tipos de terreno. Durante los paseos, caballos y jinetes cruzan arroyos, puentes y bosques de árboles autóctonos. En cada salida el visitante puede aprender, entre otras cosas, sobre la cría de caballos de polo, el funcionamiento de la estancia y el manejo de la reproducción de hacienda.

Un panorama único, una vista de ensueño en la que infinitas explanadas deleitan confundiendo el horizonte hasta perderse en el cielo.

Vinicius • Edición 19 (2011)

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