La ciencia de medir la felicidad

La ciencia de medir la felicidad

La ciencia de medir la felicidad

La reconocida socióloga Marita Carballo analiza la calidad de vida de los países a través de la satisfacción personal que expresan sus ciudadanos. Una conversación en la que revela su mirada del mundo, plena de sensibilidad estética y social.
Una mesa, una silla, un plato de fruta y un violín, ¿qué más necesita un hombre para ser feliz?”, sostenía con modestia Albert Einstein. Con la autoridad que le confiere su pertenencia al mundo académico, la socióloga Marita Carballo podría enumerar: buenas relaciones, salud y libertad, entre otras variables que junto a colegas del mundo entero toman en cuenta para hacer cada año el World Happiness Report y cada cinco, la Encuesta Mundial de Valores.
Los resultados que arrojan estos estudios revelan una información valiosísima para diseñar políticas públicas que optimicen las vidas de las personas. A la presidente de la consultora Voices! y autora del libro La felicidad de las naciones también le permiten tomar conciencia sobre sus propias prioridades y darles más espacio: “Me hacen feliz las mismas cosas que mencionan los encuestados: pasar tiempo con mis seres queridos”, reflexiona en la íntima calidez de la casa donde estableció una convivencia sui generis con su pareja, el analista político Rosendo Fraga.
Amante del diseño y la pintura de Xul Solar y Rómulo Maccio, entre otros artistas, la presidente de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas y miembro de número de la Academia Nacional de Educación está convencida de la importancia de aportarle alegría y belleza a cada espacio donde transcurre su tiempo. Sensibilidad estética y social van de la mano para Marita Carballo.

¿Cuáles son los resultados más llamativos que arroja el último World Happiness Report?
Hay algunas tendencias que se mantienen en el tiempo. Los países nórdicos europeos siempre aparecen primero como los más felices y los más satisfechos con la vida. También Canadá, Nueva Zelandia y Australia. Los latinoamericanos presentamos una situación curiosa: en relación a nuestro desarrollo económico, aparecemos mucho mejor de lo que a priori podríamos pensar. Argentina ocupa el lugar 24 entre los 154 países; Brasil, el lugar 21 y Costa Rica, el 18. O sea somos países altamente felices y tiene que ver con la forma en que nos relacionamos socialmente. Hacemos lazos muy fuertes con familiares y amigos. Si bien tenemos problemas muy difíciles por temas económicos siempre encontramos en quienes apoyarse y eso revierte mucho en la felicidad de las personas. Así como hay que estudiar las cosas que hacemos mal para corregirlas, esto hay que investigarlo para mantenerlo. La espiritualidad es otro elemento importante en estas sociedades que hallan consuelo y fortaleza en la religión. En cambio países como Francia están en desventaja en esto, se han secularizado mucho.

¿En los países nórdicos cuánto pesa el estado bienestar?
Mucho. Un finlandés o un sueco saben que cualquier cosa que les pase, el estado se va a hacer cargo mucho y bien. Son países más chicos que a pesar de ser capitalistas tienen una mejor distribución del ingreso porque equilibran a través de impuestos. Y además hacen relaciones familiares profundas e intensas. Incluso el mal clima los ayuda porque a las cinco de la tarde están en su casa y la familia interactúa mucho más.

¿Qué políticas públicas pueden impulsar la felicidad como una forma de progreso social?
Hay experiencias muy interesantes en el Reino Unido, Canadá y Australia en relación a salud, empleo y educación. En Argentina es más incipiente. El presidente Macri menciona mucho el objetivo de que los ciudadanos sean felices pero todavía no hay una implementación a través de políticas. Solo hubo algunas en términos de ciudades o municipios.

Hoy se habla de un cambio cultural muy grande empujado por el estilo de vida de los millennials ¿Considerás que tienen más o menos talento para la felicidad que generaciones anteriores?
Hay distintos aspectos, en algunos sentidos tienen más herramientas pero depende como las usen. Lo cierto es que los millennials no se manifiestan menos felices que la misma generación veinte años atrás. Quizás el problema que encontramos en las sociedades de hoy es una excesiva búsqueda de satisfacción a través del consumo que genera momentos pico de una cierta euforia de corta data porque rápidamente sobreviene la angustia del exceso, de siempre querer consumir más. Los estudios demuestran que una vez que las necesidades básicas están satisfechas las experiencias son más importantes que el consumo de objetos.

¿La sociedad de consumo está destinada a la infelicidad?
No, necesariamente. La sociedad de consumo debe tener una medida y un equilibro para que eso no sea así. Un buen balance entre dinero y tiempo para disfrutar de las relaciones y de actividades recreativas es fundamental.

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