Misterios de Petra, la ciudad oculta en el desierto

Misterios de Petra, la ciudad oculta en el desierto

Misterios de Petra, la ciudad oculta en el desierto

Esculpida y tallada en piedra hace miles de años por los nabateos, asombra y deja huellas indelebles a quienes la visitan. Relato de una aventura mágica en el corazón de Jordania.
Los rayos del sol reflejaban sobre la piedra distintas tonalidades de colores rojizos, terracota y ocre que me deslumbraban a cada paso. Formas caprichosas moldeadas por la naturaleza a lo largo de millones de años le daban un marco único a mi aventura. El Siq, un estrecho paso de apenas unos metros de ancho en medio de dos enormes montañas, era el mágico y extraordinario acceso a Petra.
Una caminata de ensueño donde el tiempo parecía detenerse y resultaba imposible no imaginar lo que habrá sido esa puerta de entrada a la ciudad en la época de apogeo de los nabateos, civilización que pobló este sitio entre los siglos VI a. C. y I cuando fue conquistada por los romanos.

 

Mosaico característico del periodo de ocupación romano.

La emoción y expectativa crecían a cada paso, no dejaba de asombrarme. De golpe el camino se ensanchó, una intensa luz lo cubrió todo y ahí estaba frente a mí toda la inmensidad y esplendor de Al-Khazneh, El Tesoro: el mayor y más refinado testimonio de la antigua cultura nabatea, una gigantesca construcción de 40 metros de alto tallada sobre la propia montaña.  Fachada de estilo helénico con un primer nivel simétrico con seis columnas y cuidadosos detalles fruto de un meticuloso trabajo sobre la roca. En la segunda planta los vestigios de estatuas de antiguos dioses cautivaron todas las miradas, parecían ser los guardianes de esta sorprendente civilización.

 

Vista desde lo alto de las montañas del Monasterio y el imponente desierto jordano.

Me sentía tan pequeño ante semejante perfección. No podía dejar de contemplar lo que tenía frente a mis ojos, todo lo que había leído e imaginado era insignificante ante tal nivel de placer sensorial y estético.
Petra tenía más para regalarme. Al dejar El Tesoro me encontré con un enorme teatro, también esculpido sobre las piedras, huella indeleble del paso de los romanos por esas tierras. Para el final quedó la extenuante travesía cuesta arriba hasta el monasterio y su imponente fachada cincelada sobre la montaña. Nuevamente la magnificencia de Petra me cautivaba y atrapaba.
La potencia del pueblo nabateo se observa a cada paso en Petra. Marcas de aquel tiempo glorioso y lejano donde la ciudad florecía y se colmaba de caravanas de comerciantes que atravesaban la inmensidad del desierto llevando los más diversos productos. En la actualidad distintas teorías debaten cómo fue posible tal proeza arquitectónica. En aquellos días poco me importaba  tener una respuesta “científica”, solo quedaba maravillarme, contemplar tan singular belleza y admirar al pueblo nabateo.

 

Tumbas reales esculpidas sobre la piedra.

La majestuosidad del desierto con sus imponentes montañas y una inabarcable paleta de colores junto a la excelencia de las construcciones humanas se combinan en Petra para convertirla en uno de los rincones más deslumbrantes y especiales del planeta. Por eso en el año 2007 fue declarada como una de las nuevas siete maravillas del mundo moderno.
A mi regreso, Petra me obsequió un atardecer quimérico sobre el desierto donde la arena y las montañas se fundían en un horizonte infinito saturadas por un naranja brillante. Aún perdura el recuerdo de aquellos días y de una experiencia hedonista difícil de borrar de mi mente.

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