María Callas, “La Divina”

María Callas, “La Divina”

María Callas, “La Divina”

Única e insuperable, la diva del bel canto se inmortalizó como la gran voz de la ópera mundial a pesar de su dura historia personal, signada por una autoestima endeble y las penas de amor causadas por su relación clandestina con el magnate naviero griego Aristóteles Onassis.
Ana María Cecilia Sofía Kalogeropoulou tuvo una vida dificilísima, marcada por el abandono, el desprecio de su padre y una muy conflictiva relación con su madre. Nació en Nueva York pero su madre la llevó a Grecia donde comenzó sus estudios musicales. Con apenas 15 años deslumbraba a sus maestros, pero sufría por su excesivo sobrepeso, sus sobrepobladas cejas y su tan distintiva nariz aguileña. Su gran debut fue a los 19 años, en la Ópera de Atenas, con “Tosca”, de Giacomo Puccini. El público la ovacionó por primera vez.
Los hombres y los amores imposibles sumaron heridas hondas: el director de cine Luchino Visconti fue el primer artífice de su transformación artística; después llegaría el empresario Giovanni Battista Meneghini, un fanático de la ópera, con quien se casó a pesar de ser casi 30 años mayor que ella. Dicen que él fue quien la impulsó hacia su gran transformación física: bajó de peso, aprendió a vestirse con elegancia y debutó en 1950 en el Teatro alla Scala de Milán. El éxito fue tan contundente que allí la apodaron “La Divina”.
Su vida se había convertido en aquello que siempre soñó. Hasta que el gran amor de su vida, el magnate Aristóteles Onassis, se cruzó en su camino. Callas y Meneghini salieron una tarde de paseo en el yate de Onassis junto a un grupo de amigos. A pesar de que ambos estaban casados, fue inevitable la pasión entre ellos. María no dudó en divorciarse. Pero Onassis no se separó, siguió con su esposa. Y María terminó convirtiéndose en su amante eterna.
El magnate naviero poco sabía de música, de óperas y del mundo que la rodeaba. Ese sería el principio de la declinación de Callas. Se alejó de los teatros, abandonó las presentaciones, dejó de cantar y lentamente fue cayendo en un abismo. Una Callas sin voz, sin público y sola. El tiro de gracia lo recibió cuando Onassis decidió casarse con Jackie Kennedy. La tristeza la abrumó y murió a los 53 años, en su departamento de París. Sus cenizas fueron esparcidas sobre el mar Egeo. Su voz vive inmortal en la historia de la ópera universal.

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