La hora de Camille Pissarro

La hora de Camille Pissarro

La hora de Camille Pissarro

Camille Pissarro fue el más veterano de los Impresionistas. Sin embargo, hasta ahora el mercado le había negado los valores que convalidó para sus pares.

Napoleón III encomendó en la segunda mitad del siglo XIX a George Haussmann la renovación completa de París. Dotado de visión, buen gusto, abundantes recursos y una legislación que le permitió demoler la aldea medieval, el barón planificó entonces la ciudad que hoy admiramos. Para fines de aquel siglo, los grandes bulevares eran el orgullo de todos.
Pissarro había nacido en St. Thomas, por entonces Antillas Danesas, en 1830. Era hijo de un próspero portugués-judío y de una dominicana quienes lo enviaron al colegio a París y opusieron férrea resistencia a su vocación artística.
A su vuelta, Camille abandonó su hogar y viajó a Caracas con un pintor danés que fue su maestro. Y pintó paisajes.

 

El Boulevard de Montmartre, mañana de primavera, 1897. 65 x 81 cm

 
En 1855 se trasladó a Passy, cerca a París, allí completó su formación. Admiraba a Corot y Courbet. A partir de entonces su historia es la del Impresionismo. Participó en las ocho exposiciones que el grupo presentó entre 1874 y 1886. Cézanne y Gauguin lo consideraron su maestro. Incursionó en el puntillismo, trabó amistad con Monet en Londres durante la guerra franco-prusiana. Allí conocieron a Durand-Ruel, el gran marchand y mentor fundamental de todos ellos.
Fue Durand, precisamente, quien a la vuelta del artista a París lo alentó a encarar una serie de paisajes urbanos. Se alquiló entonces una habitación en el Grand Hotel de Russie con vista al Boulevard des Italiens, y al de Montmartre y durante meses pintó distintas versiones de la misma vista, a diferentes horas, con distintos climas con más o menos gente. Lo alientaba la misma preocupación que llevó a Monet a desarrollar su serie de las catedrales de Rouen, y más tarde a nuestro Fader a trabajar en su serie “La vida de un día”.

 

Vista de Rouen, 1898.

 
Una de aquellas obras Le Boulevard Montmartre, Matinée de Printemps óleo de 65 x 81 cm, 1897, fue subastada por Sotheby`s en Londres en enero pasado en algo más de 19 millones de libras esterlinas. El precio, equivalente a algo más de 32 millones de dólares, es récord absoluto para el artista y quintuplica el valor de La rue Saint-Lazare, una obra similar que la misma casa vendió en New York doce años atrás.
La historia del cuadro es apasionante: Durand-Ruel se la compró al artista al año siguiente de pintada, cambió un par de veces de mano en Londres y tres años más tarde volvió al marchand quien la volvió a vender, esta vez a un alemán.
En 1923 Max Silberberg, un industrial con sede en Breslau, lo agregó a su colección que incluía obras de Manet, Monet, Renoir Sisley, Cézanne y Van Gogh entre otros. Conspicuo representante de la próspera comunidad judía, sus bienes fueron confiscados por el nazismo, su casa ocupada por la SS y su colección rematada en 1935. El coleccionista murió en el holocausto.

 

Camino a Versalles en Louveciennes, 1869.

 
A principios de la década del 60 la adquirió en New York John Loeb, quien en 1997 la donó al Museo de Israel en Jerusalem a través de los Amigos Americanos del Museo. A principios de este siglo el museo reconoció la propiedad de la obra a favor de los herederos de Silberberg los que la dejaron expuesta, en préstamo hasta el año pasado. Ahora fue puesta bajo martillo para constituirse en un nuevo récord que coloca a Pissarro en su mejor hora.
Vinicius • Edición 31 (2014)

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