“Lo esencial, es la intriga”

“Lo esencial, es la intriga”

“Lo esencial, es la intriga”

Tres millones de personas se han intrigado con “La pregunta de sus ojos”, de Eduardo Sacheri. Convertida en “El secreto de sus ojos” por Juan José Campanella, obtuvo el Oscar como mejor película extranjera. Su segunda novela, “Araoz y la verdad”, adaptada al teatro y tiene, desde abril, a Luis Brandoni y Diego Peretti como protagonistas. Los temas que le interesan a Sacheri son los que intrigan siempre: la ausencia… la posible traición… la posible esperanza… la redención del pasado. En sus entrelíneas, se puede escuchar más de lo que dice.
Hay palabras que los escritores prefieren ¿sin darse cuenta? “Minuciosa” es de Borges. “Catástrofe” es de Sacheri.
¡Amo las esdrújulas! Suenan bien. Me gusta leer en voz alta. Se sienten mejor los ritmos, la música de las frases, su estructura.

Tus historias hablan de lo que parece inevitable y la esperanza de que no lo sea.
Me atraen siempre: el destino, la libertad, la muerte, el amor, la justicia, la solidaridad, el egoísmo. Para sacarles solemnidad, los planteo en tramas pequeñas y sencillas, Son los mismos temas que entretenían a los griegos hace mil quinientos años.

¿Por qué quisiste ser profesor de Historia?
Me había gustado en el secundario. Casi al mismo tiempo de recibirme me casé. Pero no me entusiasmaba dar clase (recordaba la bola que yo les había dado a mis profesores).Trabajaba en un supermercadito, en un barrio con niveles altos de violencia y delincuencia. Y ahí me dije: “¿Cómo llegué acá? ¿Qué decisiones me han traído hasta esta Pascua?” Mientras me lo preguntaba empecé a escribir historias mentirosas, ficción. Y al mismo tiempo tomé ¡miles de horas en el secundario! Fue un descubrimiento entrar a un aula y ver que tenía cosas para decir y modos para compartir.

Y que te era posible sostener la atención de un público.
Un público exigente. La docencia me afirmó en algo: estoy convencido de que la mirada que se echa sobre nosotros nos construye: es clave cómo mirás a cada alumno, es absolutamente central. Una mirada adusta, rígida, solemne, exigente, condiciona. Una mirada benevolente, pródiga, optimista, te impulsa y te abre camino.

¿Quiénes fueron las mujeres de tu infancia?
Hermana, madre, tía, abuela, primas. Me crié entre mujeres. Mi papá murió cuando yo tenía diez años. Eso tiene que ver con estos padres maravillosos de mis cuentos. Se murió de cáncer. Cuando yo tenía diez… Era un fumador. Fue un golpe fuerte para los que quedamos, para mis hermanos y para mí; para mi vieja, que entonces tenía casi la edad que tengo ahora.

¿Tu padre te contaba cuentos?
¿Mi viejo? Mi viejo me contaba el mundo. Me encantaba escucharlo explicándome el funcionamiento de las cosas… los trenes, los aviones, el sistema político argentino. En mi casa se conversaba mucho.

Tenés buen oído para los diálogos. Como Manuel Puig y Osvaldo Soriano.
Me interesa el diálogo como forma literaria, conocer a los personajes desde sus palabras, por cómo suenan más que por lo que cuentan.

“Aráoz” sucede en un pueblo que se llama O’Connors, en una estación de nafta.
Comencé esa novela enseguida de publicar “La pregunta de sus ojos”. Intenté alejar mis temas recurrentes. Por ejemplo, mis padres (los de mis cuentos) solían ser amorosos, compañeros, héroes. Por eso, al padre de Aráoz lo hice despectivo, desvalorizador. Y fui a dar a mi tema predilecto, la redención.

¿Redención de qué? ¿De qué culpa?
Ah… ¡más que de una culpa, de un pasado! Una redención doméstica, de poder volver a empezar. Me parece que si la vida de tanto en tanto nos da eso ¡está bien! Parece que fuera poquito, ¡pero, para la mayoría de las vidas, es tan difícil volver a empezar! El pasado no lo vas a cambiar, pero es posible reinterpretarlo. Y eso es la clave, para mí: ¡se puede cambiar!

¿Hay personajes tan enamorados de su pasado que se resisten a avanzar en sus vidas?
Si, personajes, personas, que viven así. Gente que uno tiene alrededor. Como Morales, el viudo. Benjamín no es como él. Busca palabras para sus sentimientos, hasta que las encuentra.

Y se manda una novela.
Ajá. Mientras se la da a leer a Irene, ella le pregunta “¿Qué te pasa, Benjamín?”, con la mirada.

Gente muy discreta. Cierran la puerta.
Me gusta la discreción. Escribo como me gusta leer. Que no me lo digan todo. Me encanta que me pongan la cabeza en marcha. Y suponer.

Hitchcock, entrevistado por Truffaut, le decía: “Si una bomba explota y saltan las sillas por el aire ya está todo contado. Pero si el espectador sabe que debajo de la mesa hay una bomba, el suspenso contribuye a la narración”.
¡Claro! Tiene que ser así: que haya una intriga. Es uno de los roles de la literatura: “¡Te voy a contar algo!, ¿sabés qué?”Eso es lo artístico, lo placentero: algo que está fuera de nosotros: un suspenso. Siempre se necesita una intriga. Aunque la historia sea de amor.
Vinicius • Edición 14 (2010)

 

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