Diseñador de paraísos

Diseñador de paraísos

Diseñador de paraísos

Augusta National, Cypress Point, Royal Melbourne, Crystal Downs, Kingston Heath y Lahinch son maravillosas canchas de golf que quedan en distintos lugares del planeta con dos características en común. Están entre las mejores 100 canchas del mundo y fueron diseñadas por la brillante cabeza de Alister Mackenzie.

Este inglés con ascendencia escocesa, nacido a fines del siglo XIX cuando el golf era un deporte absolutamente diferente a lo que es hoy, dejó su sello imborrable en más de 400 campos alrededor del mundo, demostrando que el talento y la creatividad son cualidades que se mantienen vigentes a través del tiempo.

Cada abril los amantes del golf interrumpimos nuestras actividades para disfrutar durante cuatro días del Masters. El primer Major del año se juega en Augusta National, sin duda el campo más conocido que nació de la mano de Mackenzie y del cual casi podemos describir con perfección la mayoría de sus hoyos.

Tanto por televisión como por fotos, o ahora a través de las consolas de juegos, podemos detallar puntillosamente algunos de esos hoyos emblemáticos que tiene la sede del Masters:  2, 11, 12, 13, 16 y 18. Tener la posibilidad de caminar ese paraíso golfísitco que diseñó junto a Bobby Jones no hace más que potenciar y multiplicar la admiración por quien pensó la mejor cancha del mundo.

 

 

Siempre cerca del golf

Alister nació en Inglaterra pero con fuertes raíces escocesas, ya que sus padres y abuelos venían de las tierras donde nació el golf. Su primer acercamiento al golf fue en la ciudad de Leeds, donde creció y tomó contacto con el deporte. Repartió su tiempo entre sus estudios de cirugía en Cambridge y su amor por el golf.

En 1907 participó como fundador del The Alwoodley Golf Club y tuvo su primera oportunidad de plasmar sus pensamientos. Al ser ya un visionario y tener ideas fuera de las “tradicionales” para la época, el comité del Club llamó a Harry Colt, uno de los grandes diseñadores de la época, para tener una segunda opinión. Colt quedó maravillado con las ideas de Mackenzie y le dio su total apoyo.

Eso envalentonó al joven Alister que profundizó sus trabajos de diseño moderno y le siguió dando forma a esos greens tan particulares que caracterizaron su trabajo. Angostos, largos, con mucho movimiento y con su clásica forma de “plato invertido” (mounded greens), que complica tanto a quienes fallan por el lado incorrecto.

En 1914 ganó un concurso de diseño y eso le dio crédito para seguir colaborando en el trazado de algunos campos. Su nombre comenzó a sonar en los distintos clubes de Inglaterra y así decidió abandonar su carrera de cirujano con la cual prestó colaboración en la Primera Guerra Mundial y en la Guerra de los Boers, y se avocó a pensar cómo encontrar la mejor cancha de golf en un terreno determinado. Su experiencia en el campo de batalla lo convirtió en un experto en el camuflaje, estrategia utilizada por los Boers y que, según Mackenzie, le fue de gran utilidad para el diseño. En su primer libro de diseño Golf Architecture, de 1920, comentaba: “Hay una extraordinaria similitud entre lo que se llama camuflaje en el lenguaje militar y la construcción de campos de golf, quienes se ocupan de esto tienen muchos atributos en común, y si no son artistas, deben tener una cualidad artística y tienen que haberse educado en la ciencia.” En el mismo libro escribió que “el objetivo de cada arquitecto de golf es tratar de imitar las bellezas de la naturaleza de manera tan natural que su trabajo pase desapercibido de la naturaleza misma”.

 

 

Su talento como diseñador había crecido tanto que empezaron a llegarle ofertas de Estados Unidos, por lo que decidió instalarse allí por una temporada. Nunca más volvería a Europa, sólo por trabajo, y adoptó California como su lugar en el mundo donde diseñó dos de sus obras más preciadas: Cypress Point y Pasatiempo. Aquí se encuentra la casa donde pasó sus últimos días.

En Argentina, la joya de Mackenzie es el Jockey Club. Desde Panamá llegó a nuestro país en el verano de 1930, con motivo de la crisis que se vivía en Estados Unidos, buscando nuevos desafíos en otras partes del mundo. Los directivos del tradicional club ubicado en San Isidro le solicitaron diseñar dos canchas. Trabajó durante 21 días a puro lápiz y una vez con los planos finalizados se puso a marcar el terreno delimitando los hoyos con cintas coloradas y azules según la cancha. Por esta razón los campos de golf tomaron el nombre de los colores, los 36 hoyos ubicados en la Avenida Márquez.

Entre sus hoyos favoritos está el 16 de la Colorada, un green defendido por unas lomas muy altas que complican el approach, que fue tomado como ejemplo en varios de sus libros acerca de cómo se puede poner dificultad a los greens sin necesidad de bunkers.

En ese viaje Mackezie aprovechó también para finalizar los 18 hoyos de Punta Carretas, en Montevideo, algunas de las joyas que podemos jugar sin irnos tan lejos.

No hay duda de que la huella de Mackenzie ha sido profunda y duradera. Por algo entró en el Salón de la Fama del Golf. Y el hecho de que nueve de sus canchas estén consideradas entre las mejores del mundo, a pesar de que pasaron 80 años y la tecnología cambió rotundamente, demuestra que fue una de las mentes más brillantes que haya conocido nuestro deporte. Aquí nuestro homenaje.

Vinicius • Edición Nº 26 (2012)

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