Paz entre el valle y las montañas

Paz entre el valle y las montañas

Paz entre el valle y las montañas

En Córdoba, a sólo siete kilómetros de San Javier (Traslasierra) y 190 de la capital cordobesa, a 1.400 metros de altura, escondida en plena sierra y retirada del mundanal ruido, descubrimos La Constancia, con sus 1.200 hectáreas de pura sierra.

Corría el año 1895. El origen de La Constancia fue una habitación de paredes de adobe y techos de paja. Poco a poco fue creciendo, tuvo su palomar, patio de juegos infantiles y una gran pileta de natación en el arroyo… Recién en 1920 se acondicionó el camino para subir en auto. El hecho de que el acceso no sea demasiado fácil hace que resulte aún más especial alojarse allí, garantizando días de auténtica paz.

Despertamos en un entorno idílico donde la naturaleza lo inunda todo, porque tener una casa en la montaña es tener un tesoro que permite disfrutar del entorno natural. Después de un abundante desayuno compuesto de jugo natural de naranjas, yoghurt, budín casero, scons, pepitas, medias lunas, tostadas, fiambres, y dulces caseros, afrontamos la actividad diaria con la energía necesaria. Nuestro único objetivo era descansar, pero para ello había dos formas: pasiva o activa. Eran tantas las actividades para elegir, tanto dentro como afuera de la estancia, que no resultó nada fácil saber con qué comenzar.

La ubicación de La Constancia es privilegiada para realizar ascensos al cerro Champaguí y, como todos mencionaban las imponentes vistas del valle, hacia allí partimos a caballo (también se puede hacer a pie). Durante la cabalgata recorrimos parte de la estancia pasando por bosques, arroyos y quebradas, y por un antiguo puesto en ruinas. Mientras apreciábamos las pintorescas sierras queríamos tener la suerte de avistar algún cóndor. Nuestro guía nos planteó la posibilidad de realizar un trekking hasta la Quebrada del Tigre remontando el cauce del Arroyo San Javier hasta llegar a una cascada de 15 metros. También dijo que la vegetación es totalmente distinta al típico forraje serrano. Querido lector, esta será mi primera excusa para poder regresar a este paraíso.

Además, en el extenso arroyo San Javier que bordea la casa, la pesca de truchas con mosca es una muy buena opción para quienes disfrutan de esta placentera actividad o simplemente para descubrir los pozones naturales con cascadas donde refrescarse. ¿Más opciones? Avistaje de flora y fauna, pileta de natación, masajes, clases de cocina. Quien quiera explorar fuera de la estancia puede encontrarse con una pintoresca cancha de golf, realizar parapente y visitar los pueblos de la zona que han mantenido su idiosincrasia a través del tiempo, entre otras actividades.

 

 

Dulce hogar, panza llena

Llegó la puesta de sol, uno de los mejores regalos ofrecidos en La Constancia, y eso nos motivó a ir a agradecer a la capilla del establecimiento. Luego, el aire fresco de montaña nos trasladó a la casa para disfrutar de un relajante baño. La casa de nueve amplias habitaciones fue recuperada luego de 40 años de abandono y se enclava en un jardín en donde crecen de forma casi salvaje plantas autóctonas de la zona entre las que se destacan densos macizos de lavandas, tilos, avellanos, castaños, nogales, tabaquillos. Su restauración se hizo preservando un escrupuloso respeto por su historia y su esencia, logrando su espíritu original. El reto era conseguir un lugar en que los huéspedes se sintiesen como en su propia casa, cómodos pero sin asedios, en una atmósfera relajada y confortable. Y lo han logrado. Porque tanto las paredes de adobe como los pisos de pinotea y los muebles antiguos crean esa atmósfera especial.

¿Quién no recuerda una buena estadía y una buena gastronomía? La gastronomía en La Constancia juega un papel preponderante. Es casera gourmet, de tipo criolla e internacional, se elabora cada plato con los mejores productos de cada estación. Al finalizar cada comida disfrutamos de las infusiones de hierbas frescas recogidas en las laderas que circundan el casco y son secadas al sol.

A los encantos del entorno natural, las altas cumbres blancas de nieve en invierno, verdes y frondosas en verano, al aire purísimo, el silencio, el microclima, la naturaleza salvaje y libre, hay que añadir la magia del estilo de vida propio de estos lugares alejados de la rutina cotidiana y del ajetreo ensordecer de las grandes ciudades. Esta estancia es el lugar perfecto para recuperar el contacto con la naturaleza y disfrutar de su paz.

Diversidad es la palabra que mejor describe a La Constancia, diversidad de paisajes y de vida…

Vinicius • Edición Nº 18 (2011)

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