Tailandia, paraíso de exotismo y sabor

Tailandia, paraíso de exotismo y sabor

Tailandia, paraíso de exotismo y sabor

Rica y versátil, Tailandia tiene una doble virtud: conquista tanto al viajero hedonista en busca de playas paradisíacas y sabores autóctonos, como al místico y espiritual, que se rinde ante su historia, sus templos y santuarios. Es también una grata entrada al exótico sudeste asiático, un país con notable desarrollo de infraestructura turística y anfitriones amables, tal vez el destino más moderno y occidental de la región pero que no resigna su singularidad cultural y su calidez humana.

Bangkok, la capital de Tailandia, con todo su ímpetu urbano se impone como el punto de partida. Así como es enérgica, ruidosa y atractiva, también dispone de espacio para la introspección y la contemplación. Sólo en Bangkok hay 400 templos budistas, algunos de los cuales son de visita obligada. En muchos de ellos es fundamental respetar las normas de vestimenta:  las mujeres deben llevar sus polleras por debajo de las rodillas y remeras que no expongan los hombros. Los pantalones cortos no suelen ser bienvenidos.

Wat Pho es el más extenso y antiguo. Una impactante estatua dorada de 46 metros de largo y 15 de alto que representa un Buda reclinado es la postal obligada del templo.  Vale la pena prestar atención a los murales de Wat Pho: algunos exponen los distintos puntos energéticos del cuerpo ya que hace mucho tiempo este templo funciona como centro de enseñanza del arte milenario del masaje tailandés.

Muy cerca se encuentra el Palacio Real de Bangkok, un gran conjunto arquitectónico que sirvió como sede real desde el siglo XVIII hasta mediados del siglo XX. En el templo Wat Phra Kaew se encuentra el Buda de Esmeralda. Fue tallado en jade en el siglo XV y con sólo 45 centímetros de altura es el más valioso y venerado de Tailandia. Es importante tener en cuenta que para acceder a cualquier sala donde esté presente la imagen de Buda es necesario descalzarse. El mismo día conviene visitar Wat Arun (Templo del amanecer), uno de los principales templos budistas de Bangkok.  Su cúpula con 82 metros de altura es impactante. Al atardecer, es imperdible la vista del río Chao Phraya y de los otros templos que se puede disfrutar desde lo alto de la torre central.

 

Wat Arun (Templo del amanecer) es uno de los principales templos budistas de Bangkok.

 

 

Compras Thai 

Los tuk tuks (motos con carro incorporado que funcionan como taxis), el bullicio, los bocinazos, el ajetreo de los puestitos callejeros, todo ese ritmo frenético es la otra cara de Bangkok. De esa otra faceta también forman parte sus mercados. El más importante funciona sólo los fines de semana y se llama Chatuchak. En total son 15 mil puestos divididos en 27 secciones numeradas. En este gran laberinto comercial el regateo es ley. Si la idea es comprar artesanías típicas, este es el lugar. Pero no es conveniente ir en busca de antigüedades ya que proliferan las imitaciones.

Mucho más fotogénicos son los mercados flotantes. El más conocido queda en las afuera de la ciudad y se llama  Damnoen Saduak.  La experiencia de ver a sus vendedores de artesanías, frutas y verduras circulando en barcas por los canales es como hacer un viaje en el tiempo. Los amantes de la fotografía encuentran aquí una de las oportunidades para llevarse una de las postales más coloridas y genuinas de Tailandia. Este espectáculo puede contemplarse a pie desde los muelles o embarcado. Es conveniente visitarlo muy temprano o fuera de temporada para evitar las conglomeraciones de turistas.

En Samut Songkhram, 74 kilómetros al sudoeste de Bangkok y a tan sólo 10 kilómetros de Damnoen Saduak, se esconden dos mercados flotantes bastante más pequeños pero encantadores y mucho menos populares entre los viajeros. Se trata de Amphawa y Tha Kha. Su entorno es más rural. Antes de visitarlos hay que consultar si están abiertos porque sus horarios se rigen según el calendario lunar.

 

Sobre el mar de Andaman, el archipiélago Koh Phi Phi, que fue escenografía de “La Playa”, filme protagonizado por Leonardo DiCaprio.

 

Edén asiático

Al sur de Bangkok se encuentra la principal razón por la cual viajeros de todo el mundo eligen a Tailandia como destino de vacaciones: sus playas. Y no sólo se trata del espectáculo paradisíaco que ofrece su mar turquesa bañando sus arenas blancas, sino de toda una experiencia que conjuga, entre otras cosas, hotelería de lujo, una gastronomía tan sofisticada como saludable con masajes thai in situ.

Sobre el golfo de Tailandia vale la pena explorar las islas de Koh Samui y Koh Phangan. Hasta hace veinte años esta última estaba fuera del mapa del turismo mundial; sin embargo hoy es famosa gracias a la Full Moon Party a la que todos los meses asisten miles de jóvenes. Dicen que en esta idílica isla de pescadores se puede ver la luna llena más linda del mundo entero. Y si bien hay una desarrollada infraestructura para el turismo (bungalows y pequeños resorts), en Koh Phangan no se perdió el encanto local. Sus playas como la tranquila Haad Yao o Mae Haad, ideal para hacer snorkel, son algunos de los principales atractivos. También es una linda experiencia ascender a los puntos más altos de la isla para conseguir las mejores panorámicas y refrescarse en alguna de sus cascadas.

Sobre el mar de Andaman, se encuentra el archipiélago Koh Phi Phi, que tiene trayectoria cinematográfica: fue la escenografía de La playa, protagonizada por Leonardo DiCaprio. Está compuesto por cuatro islas principales: Phi Phi Don es la más grande, la única habitada de forma permanente y la que se ha desarrollado al punto de ser poco amigable para quienes esquivan las grandes masas de turistas. Al norte se encuentran, Koh Yung, casi totalmente formada por acantilados de roca caliza y Koh Pai, pequeña y sin formaciones rocosas.Practicar kayak durante una puesta de sol sobre los acantilados es una de las experiencias más imponentes que ofrece el lugar.

Pero no todo es relax en las playas tailandesas. La gastronomía de este país seduce tanto a los viajeros que cada vez son más populares las clases de cocina. Nadie se resiste a la tentación de un curry verde dulce con pollo o un caldo especiado con lemon grass y langostinos. Y muchos quieren volver con el secreto de esos manjares a casa. Un hotel cinco estrellas, una barcaza o una modesta vivienda de madera, cada uno elige el escenario donde aprender la alquimia de los sabores thai. Un oferta variada que permite llevarse el mejor recuerdo: un saber sensorial para ejercer la memoria emotiva. De vuelta en casa bastará con cocinar una de estas recetas thai para regresar una vez más a este paraíso del sudeste asiático.

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