Las burbujas de la victoria

Las burbujas de la victoria

Las burbujas de la victoria

Las carreras de automovilismo de primer nivel siempre tuvieron glamour: mujeres espléndidas, sponsors de alta gama y mucho, mucho champagne, producto asociado al charme que tejió una alianza de larga data con el mundo de la velocidad.

Si bien las carreras de automóviles han ido variando década tras década, lograron mantener su magnetismo intacto. Inicialmente fue un deporte de caballeros, donde los happy few participaban del “Gran Circo”, tal como se lo conocía en el ambiente. Los años dorados de la Fórmula 1, la reina de la categoría, se dieron en las décadas de los sesenta y los setenta, y fueron el marco para un auténtico espectáculo de adrenalina, fiesta y glamour. Patrones excéntricos como Lord Alexander Hesketh y pilotos “calaveras” pero audaces, como James Hunt y Clay Reggazzoni, fueron algunos de los personajes coloridos que animaban el circuito.

En este ambiente aún amateur, donde se convivía con el riesgo ya que la tasa de accidentes era muy alta, no faltaba el champagne. Este vino espumoso inició su fructífera asociación con las carreras de automóviles en la década de los cincuenta, cuando los productores de Reims entregaban sendas botellas de champagne a los vencedores. Posteriormente, el champagne se bebió tanto en las gradas y boxes como en los clubes nocturnos, antes y después de las carreras. Pero la costumbre, hoy común en todas las carreras de automóviles, de descorchar la botella en el podio y rociar el contenido sobre los rivales y el público, no se produjo en la Fórmula 1, sino en el legendario circuito de Le Mans.

En 1967, el equipo estadounidense Ford dio la sorpresa durante la maratónica prueba de las 24 horas de Le Mans, ya que contra todo pronóstico venció a las escuderías Ferrari y Porsche. Dan Gurney, piloto neoyorquino al mando de un Ford GT 40 Mark IV, desató su alegría en el podio sacudiendo una doble magnum de Moët & Chandon, episodio en el que bañó a Henry Ford y Carroll Shelby.

 

Sir Jackie Stewart celebrando luego de vencer en el Grand Prix de Francia de 1968. El corredor forjó un vínculo con Moët & Chandon que duró cuatro décadas.

 

Pero fue el legendario Sir Jackie Stewart, un año después, quien lo hizo por primera vez en la categoría máxima. Luego de vencer en el Grand Prix de Francia, alguien le acercó una doble magnum de Moët & Chandon que, aparentemente, estuvo toda la mañana expuesta al sol. Cuando el escocés la abrió, su contenido saltó por el aire, festejo que no tuvo la misma espontaneidad que el de Gurney pero que fue risueño al fin. No obstante, Stewart tenía debilidad por el champagne al punto que forjó un vínculo con la mítica champañera de Epernay que duró 40 años.

Actualmente, las burbujas siguen en el circuito gracias a la entente de McLaren-Honda con Chandon, una de las icónicas maisons de Moët Hennessy, parte del grupo LVMH. El equipo fundado en 1963 por el neozelandés Bruce Mc Laren ganó 20 campeonatos mundiales y más de 180 grandes premios. La asociación que comenzó en 2016 se oficializó en el Centro de Tecnología McLaren ubicado en Woking, Surrey, Inglaterra, y fue firmada por Christophe Navarre, presidente y CEO de Moët Hennessy, y Ron Dennis, presidente y CEO del McLaren Technology Group.

A bordo de los bólidos del legendario equipo se encuentran el español Fernando Alonso y el británico Jenson Button. Ambos son campeones mundiales de la categoría y lucen sus talentos en los circuitos más “glam” del mundo, como el de Mónaco, en cuyo Grand Prix se concentra el mayor número de magnates por metro cuadrado, para que los tiempos que corren nada tengan que envidiar a las décadas pasadas.

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