Hervé Barbaret, embajador del lujo del futuro

Hervé Barbaret, embajador del lujo del futuro

Hervé Barbaret, embajador del lujo del futuro

De visita en Argentina, este representante del movimiento slow made que dirige las antiguas manufacturas reales de Francia, habla sobre la puesta en valor de los tradicionales oficios creativos y su vínculo con los productos de alta gama.

En cada palabra, cada gesto, cada movimiento que ejecuta, Hervé Barbaret le hace honor al movimiento que representa. Elegante y parsimonioso, el director del Mobilier National de Francia y de las Fábricas Nacionales de Gobelins, de Beauvais y de Savonnerie, se toma su tiempo para escuchar a su interlocutor, reflexionar y elaborar cada concepto para transmitirlo de la forma más clara posible.

Barbaret, quien ostenta en su currículum vitae el título de exadministrador general del Museo del Louvre, tiene una misión compartida con un grupo de compatriotas de importante trayectoria en los ámbitos del arte y la cultura: difundir el concepto del lujo slow made, un movimiento nacido en 2012 por iniciativa de entidades públicas francesas.

 

 

El objetivo de este proyecto es promocionar y poner en valor oficios creativos como el trabajo de la madera, el cuero, el vidrio, las telas, los metales que están íntimamente relacionados con la historia y la tradición de distintas regiones y ciudades francesas. El vínculo entre estas industrias creativas y los productos de alta gama, y la persecución de una economía más justa que reubique al hombre y sus valores en el corazón del sistema productivo son el alma del movimiento slow made.

Actualmente en Francia existen 115 maîtres d’art en varios campos que realizan colaboraciones con destacados diseñadores y artistas. Como director de la entidad que antiguamente gestionaba todo el mobiliario real y que hoy mantiene una colección de 80 mil objetos y dispone de 15 telares donde se realizan creaciones de artistas contemporáneos, Barbaret es un experto en la materia. También tiene a su cargo las antiguas manufacturas reales Gobelins, Beauvais y Savonnerie. La primera tiene un vínculo histórico con la Argentina, ya que la Casa Rosada conserva un tapiz realizado allí que representa al Libertador General San Martín cruzando los Andes.

“Es conmovedor que un oficio del siglo XVII relacione de esta forma a nuestros países. En el Museo Nacional de Arte Decorativo también hay un tapiz con la historia de Don Quijote similar al que tiene en su oficina nuestro presidente François Hollande. Y el MALBA muy pronto expondrá tapices que hoy están en la Embajada de Francia en Buenos Aires”, enumera orgulloso Barbaret, en su primera visita a la Argentina. Y aporta una mirada reveladora que da testimonio sobre cómo el futuro de la industria del lujo dialoga con la mística y el encanto de antaño.

 

 

¿Qué inspiró el surgimiento del movimiento slow made?

Hoy en día es evidente que cada vez hay que producir más y más rápido. Y estos oficios del arte que pretendemos rescatar generan riqueza tomando el tiempo necesario para crear un producto perfecto, lo cual es totalmente opuesto a la lógica económica normal, que es crear mucha riqueza a pesar de todo. Estos oficios toman otros tiempos porque son portadores de valores no económicos como, por ejemplo, la transmisión del saber. El slow made cubre muchas técnicas y todas tienen en común el uso del tiempo necesario para lograr la perfección. Por ejemplo, puedo citar el caso del trabajo de un orfebre, quien hizo el envase de un perfume en plata. Esa labor que parece muy simple tomó días, semanas, meses enteros para lograr la perfección. Por eso el objeto final además de ser funcional es una obra de arte. Muchas veces queremos diferenciar la obra de arte del objeto de todos los días pero hay momentos en que esa frontera desaparece. Para nosotros, cartesianos franceses, las fronteras se imponen, sin embargo, el slow made contribuye para que no haya diferencias entre la obra de arte y el objeto artesanal.

¿Cómo evolucionó el concepto del lujo en los últimos años?

Hace diez años muchos compradores de productos de alta gama compraban el objeto porque era caro y lujoso. En cambio hoy muchos clientes piensan que si compran algo tan caro precisan comprender qué están pagando exactamente. Y hay marcas de lujo que no han sabido dar esa respuesta porque hay puro marketing a su alrededor. Sin embargo, firmas como Hermès, que abrió su atelier para que los clientes pudieran ver el trabajo artesanal con que se confeccionan sus carteras, pudieron justificar sus altos valores. El lujo a través del movimiento slow made consigue explicar el aspecto excepcional del objeto. Hay que tener en cuenta el tiempo de la realización y también el tiempo del uso. Los relojes suizos no tienen nada que ver con nosotros pero vi una publicidad que dice: “Usted no es propietario de un reloj Patek Philippe. Usted está a cargo del reloj para las futuras generaciones”. Creo que esta publicidad ilustra muy bien la idea del lujo que queremos transmitir.

 

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