Tributo al placer

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El 500 aniversario de Cohiba, el habano más prestigioso del mundo, fue la excusa para reunir a un selecto grupo de conocedores de la tradicional marca cubana. Los orígenes y el anecdotario de esta etiqueta insignia.

Con justeza considerada “la selección, de la selección del tabaco”, durante muchos años Cohiba estuvo destinada únicamente a ser obsequio de lujo para reyes, gobernantes nacionales, extranjeros y personalidades relevantes del mundo. Atributos no le faltan: se trata de la joya más preciada de la tradición cubana, proveniente de El Laguito, la célebre fábrica enclavada en el valle de Vuelta Abajo, en La Habana. El proceso artesanal que se lleva adelante es el más exigente de la isla, puesto que para el armado de cada Cohiba se convoca a los mejores torcedores del país para lograr el acabado perfecto que merecen las delicadas hojas de purísima calidad. De esta exquisita sinergia, surge el habano más deseado del mundo.

Como homenaje a los 50 años de la creación de Cohiba, nos encontramos en Vuelta Abajo Social Club adonde hemos convocado un selecto grupo de amigos como Sergio Pelinski, director de administración de finanzas, relaciones comerciales y RR.HH. de la Radio y Televisión Argentina; el economista Sebastián Uranga, Juan Pablo Flammini de Editorial Perfil Digital; el empresario Fernando González Janzen; el broker Fernando Salim; Emilio Lafferriere, director de Televisión Pública y el ingeniero Mario Guaroni.

 

 

Para probar el famoso Cohiba Siglo IV, el bartender nos sorprendió con un Ron Botran de 18 años de añejamiento bajo el sistema solera en las montañas de Guatemala, en barricas de roble blanco americano que previamente contuvieron whisky o maduraron vinos de Oporto. Para coronar este maridaje sublime, el chef Pablo Baik ofreció delicados vol au vent rellenos con espuma de salmón y crema de eneldo.

Tras consumir el primer tercio del habano, la charla derivó en el anecdotario de los presentes. Fernando González Janzen nos habló sobre el actor norteamericano George Burns, el mayor fumador de habanos de la historia y fan de Cohiba, quien al cumplir 98 años manifestó con orgullo: “si hubiera seguido el consejo de mi médico y hubiera dejado de fumar, no habría vivido lo suficiente para poder asistir a su funeral”. Luego Pelinski recordó cuando concurría en Londres al pub White Horse y fumaba sus Cohiba Espléndidos, compartiendo charlas, scotch y puros con sus amigos.

Laferriere comentó que cuando estaba en Bangkok y frecuentaba el Bourbon St. Restaurant & Bar con parte de sus colaboradores pudo apreciar que algunos “parroquianos” aún mantenían el antiguo ritual de fumar los puros con guantes para no dejar marca de tabaco en sus manos. Muy distinto es el caso de los señores Flammini y Salim cuyo lugar de encuentro predilecto es en las plateas del club de sus amores, River Plate, después de cada partido. En cambio Sebastián Uranga prefiere fumar sus Cohiba Behike escuchando ópera italiana, acompañados con distintos maridajes de ron.

Como cierre de este encuentro, es imprescindible remitirnos a los orígenes del nombre Cohiba, ya que es una antigua palabra que usaban los indios taínos, pobladores originarios de la isla de Cuba, para definir las hojas de tabaco enrollado que fumaban, y que fuera difundida por Cristóbal Colón a partir de 1492, cuando llegó a “las Américas”. Por lo tanto, Cohiba es el primer nombre del tabaco. Chapeau!

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