Gianni Agnelli, un rey sin corona

Gianni Agnelli, un rey sin corona

Gianni Agnelli, un rey sin corona

Si hay un personaje que ha sido el símbolo de la Italia de posguerra, el emblema tricolore de la segunda mitad del siglo XX ante el mundo capitalista, es el heredero de la FIAT. Influyente, seductor, carismático y elegante, Gianni Agnelli fue, además del empresario más exitoso de su país, un caballero de otros tiempos.

Cuando Gianni nació en 1921, su abuelo Giovanni Agnelli ya se había ocupado de fundar, 22 años antes, la Fábrica Italiana de Automóviles de Turín, más conocida como FIAT. Segundo hijo de Edoardo Agnelli y la princesa Virginia Bourbon del Monte, fallecidos prematuramente, fue criado por el abuelo junto a su hermano menor Umberto.

Gianni se volvió enseguida el predilecto de la casa y cuando su abuelo le aconsejó que saliera a divertirse y se dedicara a la buena vida no lo dudó, adoptando como compañeros de correrías al príncipe Rainiero de Mónaco, al actor británico Errol Flynn, al Aga Khan y al millonario latinoamericano Porfirio Rubirosa, entre otros.

Pronto, el joven Agnelli comenzó a brindar jugoso material a las revistas del corazón. Su carismática personalidad y su visible elegancia lo convirtieron en el personaje a seguir por los paparazzi que lo fotografiaron tomado de la mano con Rita Hayworth y dieron cuenta de sus romances con la nuera de Churchill o con Anita Ekberg, la bella actriz sueca que protagonizara La dolce vita, de Federico Fellini.

Mientras se daba la gran vida, con la Costa Azul como base de operaciones, Gianni se rodeaba de amigos de la talla de Jacqueline Kennedy, Henry Kissinger, David Rockefeller, el rey Juan Carlos de Borbón y, por supuesto, de los más conocidos artistas e intelectuales de la época.

Sin embargo, su fama de seductor no le impidió integrar el ejército de Musssolini en la Segunda Guerra Mundial y recibir una condecoración al valor, rechazar la posibilidad de seguir luego la carrera militar, graduarse como abogado e ingresar finalmente a trabajar en la FIAT.

 

 

Pero el avocatto, como lo empezó a llamar la prensa italiana, decidió desembarcar en la empresa familiar empezando de abajo. Consciente de su juventud y de su falta de preparación para hacerse cargo de los destinos de FIAT, prefirió formarse a las órdenes de Vittorio Valletta que había heredado la presidencia luego de la muerte del abuelo Giovanni.

Cuentan que mientras escalaba poco a poco posiciones jerárquicas en la compañía, seguía de largo tras interminables noches de fiesta, pero nunca dejaba de presentarse a su trabajo vestido de manera impecable al despuntar la mañana. Un grave accidente a bordo de su Ferrari, en 1952, no impidió su inevitable ascenso pero le dejó una leve renguera que lo acompañaría por el resto de su vida.

El heredero aprendió los gajes del oficio en el momento justo en que la empresa comenzaba a expandirse contratando mano de obra del sur, incursionando en automóviles utilitarios y económicos y haciendo sus primeras armas en tierras estadounidenses. La FIAT, primero con Valletta y a partir de 1966 ya con Agnelli al frente, fue convirtiéndose en el gran referente industrial automotriz de Italia.

Con los años, la empresa familiar pasó a ser una compañía globalizada integrada por más de 500 sociedades que cubrieron los rubros publicitario, periodístico, editorial, deportivo, de transporte aéreo, vitivinícola, comercial, energético, artístico, educativo y de seguros.  A la vez era dueña de algunas de las más míticas marcas de autos de la historia: Ferrari, Maserati, Lancia y Alfa Romeo.

Pero Agnelli era además un personaje tan vital y carismático que cualquiera de sus gestos o los detalles de su vestuario acababan convertidos en tendencias a seguir. Sus elegantes costumbres de príncipe florentino y su estilo cuidadosamente descuidado y natural, pasaron a dictar la moda en Italia y más allá: todos querían hablar como él, colocarse el reloj sobre el puño de la camisa o usar las botas de gamuza que se mandaba a hacer en Milán.

A falta de monarca, Gianni Agnelli era considerado un representante de Italia en todos los lugares que visitaba. Su fama y sus negocios trascendieron Europa occidental para expandirse primero por la Unión Soviética, y más tarde por América Latina, Asia y África. Influyente como pocos, en 1991 fue nombrado senador vitalicio de Italia. Agnelli nació, vivió en Turín y allí murió a comienzos de 2003.

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