La renovación de un clásico

La renovación de un clásico

La renovación de un clásico
La renovación de un clásico
La renovación de un clásico

Eje de los vínculos culturales entre Italia y la Argentina, el teatro Coliseo ha sido remodelado para posicionarse como una de las mejores salas de Buenos Aires. Con fondos de la Ley de Mecenazgo de la Ciudad y bajo la batuta de la encantadora Elisabetta Riva, su historia merece ser contada.

El Coliseo tiene su más lejano antecedente a finales del siglo XIX, en el Columbia Skating Ring, una pista de patinaje, en la que entonces era la calle Charcas. En 1905 se convirtió en un teatro para espectáculos circenses. Fue bautizado Coliseo Argentino. Con una plataforma móvil para acrobacia, pileta de natación, restaurante y un pasadizo que conectaba con la avenida Santa Fe, daba cabida a 2500 personas. A partir de 1907, se convirtió en uno de los más importantes teatros líricos de la ciudad. En 1913, allí se representó La Bohème, más tarde cantó Enrico Caruso, y desde su escenario se hizo la primera transmisión radiofónica argentina.

Felice Lora fue un inmigrante piamontés de origen humilde que amasó una fortuna en la Argentina. A su muerte, en 1925, dejó al gobierno italiano un importante legado para instalar en Buenos Aires un teatro, el consulado y un centro cultural. Con ese dinero, en 1937, se adquirió el teatro Coliseo y transcurrida la guerra se construyó el consulado y un nuevo teatro que se inauguró en 1961. La gestión del teatro estuvo a cargo de la Fundación Casa Italia, y a partir de 1971 de la Fundación Cultural Coliseum que aún lo administra.

 

 

Desde entonces el Coliseo se ha establecido y consolidado como uno de los más importantes teatros de Buenos Aires, destinado a la realización de diversas actividades, desde espectáculos dramáticos, musicales y humorísticos, hasta actos políticos. Sin embargo, su actividad central ha sido la música clásica y la ópera. Desde 1987 el Ciclo Nueva Armonía presenta allí un programa anual de altísimo nivel internacional.

 

Tiempos de cambio

Elisabetta Riva nació en Vimercate, un pequeño pueblo de la llanura Padana a 23 kilómetros al noreste de Milán. En la Universidad Católica de Milán obtuvo la licenciatura en Letras y Filosofía. Se especializó en la Historia del Teatro y Comunicación Social. Entre los 25 y 30 años vivió en Londres donde cursó un posgrado en producción teatral y management de la cultura. Hizo teatro y se ganó la vida modelando en las mejores pasarelas. A su regreso a Milán, alternó entre la actuación y la producción teatral. Se declara generadora de proyectos: creó una compañía de teatro en inglés para escuelas italianas con la que recorrió toda la península.

En Milán conoció a Leonardo, un actor argentino en gira con De la Guarda de quien se enamoró. Juntos vinieron a vivir a Buenos Aires y al poco tiempo nació Akira (homenaje a Kurosawa). Montó una compañía para hacer teatro en italiano, organizó dos temporadas de un ciclo de cine milanés y se vinculó con el Coliseo que para entonces requería un aggiornamento: había pasado medio siglo desde su inauguración.

En 2012 Elisabetta fue designada consejera con el cometido de hacer un relevamiento global del que surgió un proyecto en etapas que la Ciudad financió con el Fondo de Mecenazgo de acuerdo a la ley vigente. Ella asumió la vicepresidencia de la Fundación Coliseum y la dirección ejecutiva del teatro.

 

 

Las obras (que insumieron 44 millones de pesos) se centraron en dos ejes: a cargo de Alfio Sambataro, un experto a nivel internacional, la caja escénica fue dotada del mejor equipamiento que requieren hoy espectáculos tan variados como el music-hall, el ballet, una orquesta filarmónica o una ópera. Por su parte, el arquitecto Giuseppe Caruso, secundado por la arquitecta Alejandra Rabuffetti, fueron responsables del resto. El hall de entrada, el foyer, la marquesina, las boleterías y los toilettes se rehicieron respetando la arquitectura original. También, los camarines y dos salas de ensayo.

Hoy el Coliseo es un teatro totalmente aggiornado y sumamente atractivo, de amplio espectro que, por la dimensión de su escenario, su capacidad de sala (1749 butacas), su acústica, el foso para orquesta que da cabida a 100 músicos, está a la cabeza de los teatros de la región. Con una variada programación de altísima calidad cumple su misión de fortalecer los vínculos culturales ítalo-argentinos.

 

Fotos: Marcelo Cugliari y Enrico Fantoni

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