La leyenda del cristal

La leyenda del cristal

La leyenda del cristal

En más de dos siglos y medio de historia, la firma Baccarat cautivó a reyes y emperadores de los dos hemisferios y trascendió las modas de las distintas épocas con su elegancia atemporal. Genio creativo, legado y modernidad.

Corrían los últimos años del siglo XIX, Nicolás II de Rusia y la Zarina Alexandra Fiodorovna estaban de visita en París cuando se toparon con un deslumbrante candelabro de casi 4 metros, iluminado con velas e integrado por 3.320 piezas de cristal Baccarat. Impactado por la belleza de este artefacto, el zar le encargó a la maison modelos eléctricos para su palacio de San Petersburgo. Ese pedido real marcó un antes y un después: dio origen a las primeras piezas aptas para energía eléctrica de Baccarat que para esa época ya tenía más de 130 años de una historia plena de páginas ilustres.

Desde 1764, año de su fundación en la provincia de Lorena, gracias al permiso del rey Luis XV de Francia, Baccarat, fue testigo desde la revolución industrial hasta el advenimiento de las economías globalizadas de la actualidad. Sus piezas de cristal se posaron en las mesas de los hombres más influyentes de los últimos dos siglos, decoraron salones de palacios y mansiones de Occidente y Oriente, fueron testigos de guerras, secretos de gobiernos y realezas y se moldearon bajo los parámetros de la modas de las sucesivas décadas.

No solo el último zar de Rusia quedó deslumbrado por el soberbio trabajo artesanal y el +art de vivre+ de Baccarat. El primer pedido real fue en 1823 cuando Luis XVIII encargó un servicio de copas. Desde entonces, la casa produjo piezas para clientes tan diversos como Carlos X, Luis Felipe I, el emperador Napoleón III, maharajás de la India, la corte imperial japonesa, la Casa Blanca y, por supuesto, el gobierno francés.

A pesar de ser una firma tan tradicional, la innovación y la capacidad de adaptación a las distintas épocas han sido la clave de la trascendencia histórica de Baccarat. En 1839, empezó a producir cristal de colores, que incluían su icónico rojo rubí, todo un rasgo distintivo de esta marca de lujo, por el que recibió una medalla de oro en la Exposición Nacional de Francia. Y muchas de sus creaciones también fueron distinguidas en las sucesivas ediciones de la Exposición Universal de París de los siglos XIX y XX.

La producción de Baccarat se diversificó a lo largo del tiempo. Hoy excede los servicios de mesa y la decoración, la joyería y las fragancias también son parte de su universo. En sus talleres se han creado frascos en exclusivas ediciones limitadas de firmas como Dior o Guerlain. En sus colecciones actuales hay diseños clásicos que se siguen vendiendo hace décadas, reediciones y también intervenciones de creadores contemporáneos como Philippe Starck. Muchas de sus legendarias piezas son consideradas parte del patrimonio cultural de Francia, por eso se exhiben en museos como el del Louvre y el d’Orsay.

Georges Chevalier es un nombre clave en la era moderna de Baccarat. Se trata del director artístico de la firma, que desde los años 20 hasta los 70, le imprimió una nueva estética a sus creaciones con un estilo de líneas puras, asociado al advenimiento del Modernismo y el art déco. Sus renovados servicios de mesa, objetos ornamentales, frascos de perfume, piezas de iluminación capturaron la esencia de la firma y desafiaron sus límites gracias a su trabajo en equipo con los artesanos de los talleres de Baccarat.

Esas piezas, muchas de las premiadas en las diferentes ediciones de la Exposición Universal de París y algunas de las creaciones encargadas por reyes y emperadores de los dos hemisferios pueden verse hasta el 27 de septiembre en el Bernard Magrez Art Institute de Bordeaux donde se aloja la muestra “Baccarat, cristal legendario”, que propone un diálogo entre la herencia y la creación y revela toda una estirpe de obras maestras signadas por la búsqueda de la perfección y un sentido de la elegancia atemporal.

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