El jolgorio del color

El jolgorio del color

El jolgorio del color

A principios del siglo XX, Alberto María Rossi fue uno de los integrantes del legendario grupo Nexus. Un reconocimiento tardío a este artista italiano, creador de una obra vibrante y expresiva que inunda de regocijo el corazón de quien la contempla.

En la búsqueda de las raíces de nuestro arte, recordamos hoy a Alberto María Rossi. Al igual que Fader, Quirós y Lynch, de los que ya nos ocupamos en entregas anteriores, Rossi fue miembro del grupo Nexus. Sin embargo, es —injustamente, a mi criterio— menos reconocido que aquellos. Su pintura está marcada por un toque de humor y transmite una sana alegría.

Nació en Bologna, Italia, en 1879. Su padre, Dionisio Rossi, trasladó la familia a Buenos Aires cuando Alberto María tenía tres años. Era pintor, y vino contratado para decorar residencias particulares de la ciudad. Fue él quien inició a su hijo en el camino del arte.

Por entonces, funcionaba en Buenos Aires la Sociedad de Estímulo de Bellas Artes, una institución privada creada por Schiaffino, Sívori y otros artistas, en su mayoría de origen italiano. Allí recaló Rossi, para estudiar con el propio Sívori y Ernesto de la Cárcova.

En 1899 adoptó la nacionalidad argentina. Con el inicio del siglo XX volvió a Europa: se instaló en su Bologna natal, ingresó en la Academia de Bellas Artes y estudió con Domenico Ferri (1857-1940), destacado muralista. Viajó luego a Venecia donde pasó una temporada pintando.

En 1907 Rossi regresó a Buenos Aires. Estímulo abrió la Academia de Bellas Artes bajo la dirección de Reinaldo Giudici y nuestro artista asumió la titularidad de la cátedra de Dibujo. Al año siguiente viajó a Montevideo con Pío Collivadino para pintar los frescos de la Catedral.

Dos años después, su obra “El Veterano” recibió una medalla en el Salón del Centenario. En 1912 su óleo “Buenos Aires” mereció el Premio Adquisición, y en 1919 obtuvo el Gran Premio de Honor del Salón Nacional con “En Pleno Trabajo”. De la misma época, su “Fin de Faena” forma parte hoy de la colección del MNBA.

En 1915 se casó con una alumna: Ana Weiss (1892-1953). Su autorretrato, propiedad de nuestro museo mayor, la muestra como una bella mujer de ojos azules, de mirada transparente y de austero aire germánico. Por añadidura está estupendamente pintado. Fue una eximia pintora. Juntos volvieron a Europa (España, Bélgica, Holanda y París), en tres oportunidades (1923-24, 1929-30 y en 1953).

Rossi fue también violinista, escultor y actor. Cuando tenía 52 años publicó una novela La Camisa de Once Varas, donde, con una pluma ágil y entretenida, rememora sus años de bohemia y las luchas de los artistas en el Buenos Aires de principios del siglo pasado. Siguió pintando y exponiendo con regularidad. Falleció en 1965.

Su temática fue amplia: originalmente pintó temas históricos, paisajes portuarios, asuntos gauchescos y vistas ciudadanas. Más tarde su obra adquirió un tono alegre, no exenta de toques burlescos. Escenas de la vida nocturna elegante y bohemia de la que solía tomar parte, temas circenses, payasos, músicos y bailarines. Es ahí donde Rossi alcanzó su plenitud. Su pintura brilla en un jolgorio de color y su arte inunda de alegría el corazón de quien contempla sus obras.

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