Florencia Canale

Florencia Canale

Florencia Canale

“Siento que nací en el siglo errado”

Descendiente de una familia patricia, Florencia Canale se convirtió en escritora de best sellers gracias a sus novelas sobre Remedios de Escalada y Manuel Belgrano. A punto de sacar un nuevo libro, habla de las pasiones que trascienden épocas y de su añoranza por un pasado que nunca vivió.

Aprendió a leer a los tres años, a los cinco ya se le atrevía a las novelas policiales de la biblioteca familiar, y poco tiempo después montaba en su casa de Barrio Norte puestas teatrales que ella misma adaptaba de uno de los libros favoritos de su infancia, Mujercitas. “Me identificaba con Jo, la escritora, pero también con Beth que moría de tuberculosis: siempre tuve un gesto bastante trágico”, reflexiona la autora de Pasión y traición y Amores prohibidos. Sobrina en sexta generación de Remedios de Escalada, Florencia Canale ya ostentaba la vena de una estirpe de mujeres intensas, tempestuosas, románticas. Después llegó el coqueteo con el modelaje y la actuación, más tarde, el periodismo y finalmente, la literatura. “Las palabras son mi alimento”, dice hoy, de espaldas a una inmensa biblioteca y frente a un escritorio que cada mañana la encuentra dándole los últimos toques a su nueva novela histórica cuyos protagonistas se revelarán recién en agosto, cuando el libro salga a la calle.

¿Con qué criterio se hace el “casting” de protagonistas de una novela histórica?

Tiene que haber algo para contar de su vida, que no sea plana y lisa porque eso no le interesa a nadie. Remedios de Escalada, por ejemplo, tuvo una vida muy intensa, amores, desamores, traiciones, de todo. Cuando terminé esa novela me pedían que escribiera la vida de Merceditas, su hija. Pero investigué y había sido muy común, no había tenido grandes preguntas, inquietudes, se había casado, había tenido dos hijas, vivió en Europa, no mucho más. Después, en cambio, vino Belgrano de quien no se habían contado los pormenores de su vida. Tanto se hablaba de su homosexualidad y él había tenido un éxito rotundo con las mujeres pero nunca formalizó porque ellas eran casadas. Vivía amores clandestinos. Es la excusa para contar un momento histórico en que pasaba de todo. Tiempos en que había mucha sangre. Hombres con ideales, pasiones y causas en las que entregaban la vida.

¿Estas historias de amor en que hombres y mujeres transgreden las normas del matrimonio interpelan prejuicios sobre la época?

Las características de las mujeres y los hombres se pueden transpolar en el tiempo. Las instituciones hoy son distintas y la construcción del matrimonio es diferente. Entonces, las mujeres sabían que si el hombre se iba a la guerra o partía a otra provincia, seguramente algo pasaba. Que un hombre fuera infiel era aceptado. Que fuera al revés era más complicado pero ellas han sabido hacer sus cosas preservando su imagen. Las tempestades internas se padecían y se disfrutaban como hoy. No tienen que ver con un cambio de siglo: las pasiones, las emociones y los sentimientos vienen con el ser humano.

¿Cómo fue la trasmisión de la historia de Remedios de Escalada en el ámbito familiar?

Desde muy chica me sentaba junto a mi abuelo Esteban y me mostraba libros y, cada tanto, en reuniones familiares se hablaba de la tía y el tío Pepe, que era José de San Martín. Pero cualquier historia puede resultarme interesante más allá de los protagonistas. Cuando era muy chiquita, mi bisabuela materna me contaba su llegada a Buenos Aires, cuando escapó de los zares en Rusia, su desembarco con otras jovencitas, el acecho de los tratantes de blancas, como ella les decía. Enormes historias sobre las que me gustaría escribir algún día.

Tomaste el hábito de sacar fotos de edificios antiguos y subirlas a redes sociales, ¿cómo se conjuga eso con tu obra literaria?

Tomo fotos de fachadas, de ventanas, de molduras antiguas. Es que la modernidad no me convoca para nada, siento que nací en el siglo errado. Las formas clásicas, la densidad, lo pesado de lo antiguo tiene que ver conmigo. Suena como un cliché de autoayuda pero sinceramente mirar cosas bellas me hace bien. El ruido, lo deforme, todo eso, agrede mucho. Vivimos tiempos muy feos, muy vertiginosos, muy anárquicos, como de cataclismo. Habría que ir más despacio porque no creo que vayamos hacia un lugar bueno de esta manera.

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