El don de leer la realidad

El don de leer la realidad

El don de leer la realidad

El prestigioso consultor de opinión pública, Jorge José Giacobbe, analiza cómo la escasez de cifras y datos oficiales impacta hoy en Argentina. También anticipa un ambicioso proyecto: la construcción de una efeméride mundial que rescate del olvido a grandes personajes olvidados.

A mi entrevistado le sobran credenciales: preside Giacobbe y Asociados Opinión Pública S.A. desde el año 2000; es exmiembro del Consejo Asesor de Poder Ciudadano y del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC); fundador de Consenso de Argentina y de El Club del Puente; desde hace más de 20 años publica artículos en medios de Argentina y el exterior y es usualmente invitado en calidad de observador en procesos electorales en EE.UU. y distintos países de América Latina. En la actualidad asesora a grupos económicos sobre la realidad sociopolítica del país y sus proyecciones a corto y mediano plazo. Ese extenso inventario de logros profesionales es el fruto de un temple apasionado, un espíritu curioso y reflexivo que se manifiesta en cada una de sus palabras a lo largo de esta conversación esclarecedora sobre la actualidad nacional.

¿Se puede explicar la Argentina a partir de cifras? ¿La realidad se construye con relatos o datos?

Las cifras y los datos tienen capacidad sólo parcial de explicar la realidad que es objeto de análisis. Los datos y las cifras nos dirán que es lo que pasa, pero no son suficientes para explicar por qué y para qué pasa lo que pasa. Ahora, obviamente, sin datos y sin cifras, nunca sabremos los que pasa y en consecuencia mucho menos sus porqués. La Argentina es un país sin datos. Eso nos diferencia nítidamente de los países más evolucionados del mundo donde la mayoría de los datos están absolutamente disponibles a cualquier interesado. En Argentina el Estado es el principal falseador y ocultador de datos. En mayor o menor medida siempre ha sido así. Aunque hoy es dramático. Eso explica por qué los postulantes políticos que pretenden reemplazar a los “sentados” exhiben poca propensión a proponer. Proponer es imposible cuando no se conoce la realidad. Suelo decir que las armas con que cuenta un gobierno son básicamente dos: gobernar y mentir. Cuando se gobierna mucho se miente poco y cuando se gobierna poco se miente mucho. En la Argentina se miente mucho, muchísimo. Y se le miente siempre al mismo: al ciudadano que se jura proteger.

¿Desde cuándo advirtió su inclinación a los datos?

Inclinación a los datos, en realidad, tiene mucha gente. Sólo habrá que detenerse a meditar unos pocos segundos para darse cuenta de la cantidad de datos que todos necesitamos diariamente para tomar las decisiones que tomamos. La temperatura o la predicción climática orientan nuestra vestimenta. La recomendación publicitaria orienta nuestro consumo. La palabra de quienes respetamos orienta nuestras creencias. Lo mío siempre fue necesitar un dato más. No es tanto una necesidad de dato. Es más la necesidad de dato cierto. Para dar un solo ejemplo, en mi casa de niño me enseñaron que Dios existía. Me lo enseñaron mis padres en quien confié y confío ciegamente. Pero ese dato que orientó muchas acciones de sus vidas no me resultó suficiente. Ahí hay un caso claro de diferencia entre dato y dato cierto.

¿Cuál es el proyecto que lo ocupa en estos momentos?

Mi principal actividad es conocida. Pero en paralelo dedico un gran esfuerzo personal y económico en tratar de reconstruir los datos de la Argentina y del mundo que puedan permitir una mayor aproximación a la verdad de las cosas. Desde hace unos diez años estoy construyendo una efeméride mundial que nos recuerde cómo, cuándo y dónde ocurrió lo que ocurrió, con gran centralidad en los datos de Argentina. El trabajo que estoy realizando y que llevará aún 10 años más de intensa tarea, no sólo permitirá ubicar en tiempo y espacio lo ocurrido, sino que devolverá a la memoria pública a una gran cantidad de personas que contribuyeron notablemente con la evolución del mundo y que están totalmente olvidadas, tapadas por una caterva de delirantes que se suponen imprescindibles.

¿Cuánto juega la intuición en los sondeos de opinión pública?

Creo en la intuición, la respeto. Pero en nuestro trabajo tratamos de ceñirnos a muerte a lo que contestan los consultados. Grandes encuestadores argentinos y extranjeros me han hablado de incorporar la intuición personal a las mediciones. Hasta aquí, tras 25 años de actividad, el método nos dio resultado. Varias veces nos pareció que no sería como los encuestados nos decían. Pero nos atuvimos a ellos y nos fue bien.

 

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