Audrey Hepburn, el icono y la mujer

Audrey Hepburn, el icono y la mujer

Audrey Hepburn, el icono y la mujer

Una muestra de fotografías en la National Portrait Gallery de Londres realza su imagen como emblema de la elegancia e invita a explorar la dimensión humana de una musa eterna.

“Si tuviera que escribir mi propia biografìa —dijo una vez la actriz— empezaría así: ‘Nací en Bruselas, Bélgica, el 4 de mayo de 1929 y morí seis semanas más tarde”. Según la modesta Audrey, la tos convulsiva que la tuvo al borde la muerte de bebé era el único hecho excepcional de su vida, una existencia que a pesar de estar signada por las luminarias de Hollywood y el glamour del mundillo de la moda ella encontraba común y corriente.

Sus contemporáneos no estuvieron de acuerdo y construyeron de su imagen un icono venerado hasta hoy. Una esperada muestra de más de 70 retratos de la actriz que hasta el 18 de octubre se puede visitar en la National Portrait Gallery de Londres confirma su vigencia. La mitad de las fotos pertenece a la colección personal de sus hijos, Sean Hepburn Ferrer y Luca Dotti. A pesar de estar en litigio por las pertenencias de esta leyenda del cine, los herederos coinciden en un concepto que reafirma la autopercepción de Audrey: puertas adentro, disfrutaron de una madre amorosa, abnegada y, por sobre todas las cosas, común y corriente.

En cambio, la exhibición habla de la faceta más extraordinaria de esta mujer, la sublime fotogenia que se revela hasta en sus imágenes más tempranas, como un retrato familiar de 1938, cuando la actriz tenía solo 9 años y, espontáneamente, ya seducía a la cámara sin necesidad de producción ni artilugios de maquillaje. Fotografiada a color, en blanco y negro, vestida con exquisitos diseños de Givenchy o con un top básico para la revista Vogue, Audrey expresaba elegancia con ligereza e inocencia únicas. Desde la pantalla grande, la gracia de su cuello de cisne y su figura diminuta establecieron un nuevo estándar de belleza.

¿Pero acaso su voz, sus gestos y su cuerpo en movimiento en largometrajes como +Desayuno en Tiffany`s+ o +Sabrina+ representan la versión de Audrey más duradera en tiempo? ¿O es que su encanto consigue trascender mejor, estático y eterno, en sus exquisitas fotografías? La curadora de la muestra londinense, Helen Trompeteler, asegura que mientras los filmes de la actriz en general son vistos una sola vez en la vida por el espectador promedio, su condición de icono cultural hace que sus fotos sean contempladas una y otra vez, transformándose en un objeto familiar y cotidiano aún para generaciones muy posteriores a ella. Pareciera ser que en el caso de Audrey, una imagen dice más que mil películas.

 

CLAROSCUROS. Sin embargo, la mujer real detrás del icono fabricado por la moda y la industria del cine estuvo muy lejos de ser plana y unidimensional. La actriz vivió signada por el abandono de su padre cuando era una niña y la extrema exigencia de su madre, una aristócrata europea. El horror de la segunda guerra mundial, las penurias y el hambre que vivió junto a su familia en una Holanda ocupada por el nazismo determinaron la vocación humanitaria que ejerció hasta el final de sus días.

Muchos años después de esos tiempos oscuros expresó su identificación con Ana Frank; la niña judía había nacido el mismo año que ella y vivido la misma guerra en el mismo país. “Ella estaba encerrada y yo estaba afuera. Leer sus diarios me dejó tan destrozada que jamás he vuelto a ser la misma”, confesó. La pérdida de cinco embarazos y el fracaso de sus dos matrimonios también fueron hechos traumáticos para la “princesa de Hollywood”. Pero nada opacó su sensibilidad y conciencia social. Ni siquiera un diagnóstico de cáncer, a principios de la década de los noventa, cuando misionaba como embajadora internacional de UNICEF.

El 20 de enero de 1993, a los sesenta y tres años, Audrey Hepburn falleció rodeada de sus seres queridos. Poco antes había confesado: “La vida me ha dado mucho más de lo que nunca he soñado. No hubo grandes decepciones, o esperanzas que no saliesen bien. No esperaba mucho y por eso soy la mujer menos amargada que conozco”.

 

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