El príncipe de los pintores

El príncipe de los pintores

El príncipe de los pintores

En el centenario del nacimiento del maestro Leopoldo Presas, un homenaje a la trayectoria de un creador de firmes convicciones artísticas. La vigencia inalterable de una obra muy personal.

Desde la década del noventa, tuve la enorme fortuna de frecuentar a menudo al entrañable “Toto”. Por aquel entonces hacía ya unos años que había vuelto de París. Vivía y trabajaba en el primer piso de un señorial edificio de la avenida Almirante Brown en La Boca. La cita, sin embargo, era a la vuelta, en Il Matterello donde el maestro llegaba siempre un poco antes y esperaba la hora del almuerzo acompañado por un buen tinto. Solo después de los postres encarábamos la empinada escalera de su taller y seleccionábamos las obras para su siguiente muestra. Con variaciones gastronómicas, la historia se repitió más tarde, incontables veces, cuando el maestro se mudó primero a avenida de Mayo y luego a Núñez.

En el invierno de 1994, nos deslumbró con una excepcional retrospectiva en el Palais de Glace, más de cien obras datadas a lo largo de seis décadas. Presenté sus obras en Colonia, Uruguay, viajamos juntos a Mar del Plata donde expuso en el Museo Castagnino y fue nominado Ciudadano Ilustre, y a La Plata, en cuyo Museo de Bellas Artes también deslumbró. Hasta que nos dejó, presenté sus exposiciones en cinco oportunidades en Colección Alvear y luego, a modo de homenaje, varias veces más.

En su historia remota fue miembro fundador del grupo Orión con el que expuso en 1939, en una muestra fundacional en la Sociedad Argentina de Artistas Plásticos del Pasaje Barolo. Hizo su primera exposición individual en la desaparecida Galería Callao; a principios de la década del cincuenta tuvo una primera estada en París, recibió luego sucesivos premios hasta el consagratorio Gran Premio de Honor y Medalla de Oro de Salón Nacional (1959).

En 1963, la Academia Nacional de Bellas Artes le otorgó el Premio Palanza. En 1965, instaló un taller en la Vuelta de Rocha, donde pintó sus primeros puertos y realizó grabados. En el 67, exhibió una gran retrospectiva en The Huntington Hartford Collection de New York presentada por Rafael Squirru. Luego expuso en la Organización de Estados Americanos (OEA) en Washington. Fue presidente de la Sociedad de Artistas Plásticos, miembro de número de la Academia Nacional de Bellas Artes y a fines de la década del setenta se radicó en París donde vivió y expuso durante 9 años.

Hombre bueno, si los hay, Leopoldo Presas, como artista, no tuvo jamás claudicaciones. Podrá gustar más o menos su pintura, pero nadie podrá negar que ha transitado el camino con una visión propia, honestamente personal, que le deparó el aprecio y admiración de todos y mantiene inalterable su vigencia. Hoy, a cien años de su nacimiento Vinicius, que ya en oportunidades anteriores le ha abierto sus páginas, quiere rendirle este merecido homenaje a quien, con justicia, ha sido llamado “el príncipe de los pintores”.

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